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En profundidad / SEP 03 2017 / Hace 1 Año

Un fantasma recorre los países, la corrupción

¿Cuántos de los multimillonarios de hoy lo lograron producto de la corrupción, ya sea con la yerba maldita, expulsando campesinos de sus tierras o con el robo del dinero público?

Un fantasma recorre los países, la corrupción

Las manos de funcionarios y contratistas están más lista para recibir la coima, que por subrayar qué partes del contrato garantizan la protección del Estado y la entrega de una obra bien hecha.


El título de este artículo imita el inicio del antiguo famoso libro: “Manifiesto del Partido Comunista”, escrito por Karl Marx y Friedrich Engels y publicado el 21 de febrero de 1948. Así inicia el texto: “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo”. Casi dos siglos después, otro fantasma recorre ya no Europa, sino casi todo el mundo.

Asimismo, como expresaron los dos firmantes del libro: “¿Qué partido de oposición no ha sido motejado de comunista por sus adversarios en el Poder? Hoy podemos preguntarnos: ¿Qué funcionario público o gobernante, cuando se le señala de corrupto, no sale a defenderse afirmando que es inocente, ‘perseguido’ político o víctima de sus contradictores?

El fantasma ha hecho tantas apariciones por todo el mundo, que ya se considera real y genera molestias, además, quienes reflexionan sobre este tema, coinciden en afirmar que la corrupción es uno de los problemas públicos más demoledores en el mundo. Y aunque los gobiernos de todos los países ‘desean’ combatirla, este fantasma real sigue paseándose por el planeta y podemos decir que ya es otra forma de contaminar la Tierra.

Estados que se han caracterizado por la buena administración de los entes del gobierno como Finlandia o Corea del Sur, y subadministrados como Guinea Ecuatorial, indistintamente han estado vinculados a casos de corrupción. Aunque, hay que decirlo, en el país del modelo educativo en el mundo, son casos aislados. Recordemos los nombres de Joachim Wolberg, el candidato presidencial de Guinea Ecuatorial; Teodoro Obiangaus, el expolicia finlandés y la expresidente surcoreana, Park Geun Hye.

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La corrupción está aumentando en el sector público

El fantasma real es tan escurridizo que aunque los gobiernos de todos los países dicen querer combatirlo, el fenómeno sigue penetrando por “debajo de la puerta” de todos los organismos que forman el cuerpo de los Estados. Como lo asevera el último informe del Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional, dicha ‘enfermedad’ está aumentando en el sector público.

Hay que decirlo con tristeza que los países pobres o que se sitúan como aspirantes a ubicarse como naciones de “estrato alto”, el fenómeno es más manifiesto. Por ejemplo, en Colombia la ‘enfermedad’ tiene al país en “cuidados intensivos”, pero le pasa lo mismo que a su sistema de salud: No encuentra - o no quiere encontrar- el o los mecanismos que permitan superar el mal.

El informe de este año de la Procuraduría y la Contraloría dejó ver que en 2016 la corrupción le costó al país casi el 5% del PIB, dineros que podrían financiar las inversiones públicas más urgentes de la nación. También lo dice un informe de Asobancaria: Con ese 5% se podría financiar la construcción de las vías de la cuarta generación 4G, duplicar el presupuesto para el metro de Bogotá y superar casi siete veces los recursos generados por la última reforma tributaria.

También en 2013, según la Contraloría General de la República, la corrupción le costó al país el 1,6% del PIB, es decir, cerca de $14 billones. Así que Colombia es multimillonaria en el atraco al erario público, experta en permitir que unos pocos incrementen su poder económico y tengan la casa por cárcel algunos meses - en algunos casos, por el crimen cometido - y el resto de su vida disfrutando de lo robado.

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Los gobiernos cubren el latrocinio con más impuestos

Así que lo más fácil para los gobiernos, en vez de atacar de verdad la corrupción, es “meterle la mano al bolsillo” de toda la población: Aumentar el IVA, poner a declarar renta a personas con ingresos de hambre y no tocar otro factor que también es corrupto, la evasión de impuestos y bajar el presupuesto para la Investigación en ciencia y tecnología.

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Senadores, representantes a la Cámara, ministros, gobernadores diputados, alcaldes, concejales, la rama judicial, los poderes de control y vigilancia, así como la Policía, el Ejército, y por supuesto, presidentes, han sido infectados por esa enfermedad. En el caso de los expresidentes, en este país pareciera que generaran otro fantasma que evade todos los actos corruptos de su periodo presidencial, además, en algunos casos sus actos criminales.

La expresidencia los hace inmunes a la justicia y les da la ‘virtud’ de hacer declaraciones contra la corrupción, y como a la población que los vuelve a elegir, tienen la “capacidad de olvidar” todo lo mal que ejercieron su mandato.

El sector privado no ha sido inmune a esa enfermedad. Juan Ricardo Ortega, exdirector de la Dian, estima que el sector privado se embolsilla 60 billones de pesos al año con actos corruptos. Los atajos que toman para saquear al país incluyen la evasión fiscal, los acuerdos por debajo de la mesa para quedarse con contratos y el fraude contable. Pero como son los poderosos económicamente, quienes gobiernan poco hacen ante ese otro fantasma.

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Odebrecht, uno entre muchos

Diarios, noticieros y programas de opinión, este año le han dado máxima cobertura al caso Odebrecht. El pago de sobornos ha afectado la “buena imagen”, de senadores activos, como Bernardo Elías, congresista con una alta cuota de electores, lo que da, esa sí de verdad, mala imagen, de nuestra democracia. Y como en otros casos, este escándalo ha desnudado la honestidad de empresarios y supuestos impolutos precandidatos.

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¿Odebrecht nos hará olvidar tantos otros casos de corrupción?: El atraco a la refinería de Cartagena con Reficar, Saludcoop y el famoso malhechor Palacino, Interbolsa, la Dirección Nacional de Estupefacientes y Carlos Albornoz, que parece que está en la cárcel, el carrusel de la contratación en Bogotá, en cabeza de los hermanos Moreno Rojas y Fidupetrol, como casos más recientes. Pero cada año de este siglo el erario público ha sido violado.

Para que las nuevas generaciones no crean que el fantasma apareció en este siglo, es sano recordar que el XX, también se caracterizó por la corrupción: Fabio Puyo Vasco, exgerente de la Empresa de Energía de Bogotá, hizo su ‘agosto’ con la represa del Guavio, Luis H. Rodríguez incrementó su riqueza con Foncolpuertos y la complicidad de jueces. Y como si fuera poco lo que se llevó, es pensionado del Congreso.

Recordemos al Fiscal Gustavo de Greiff, cuando era presentado como el hombre ejemplo de la ‘honestidad’, imagen que se deterioró cuando el gobierno de EE.UU. le canceló su visa por sus compromisos con la mafia. Como la lista es grande, terminemos con los robos de las licoreras que fue tan manifiesta antes del gobierno de Belisario Betancur, quien llegó queriendo encontrar culpables y ponerle freno a ese desangre de lo público.

El deporte no es ajeno es este flagelo. Luis Bedoya, siendo presidente de la Federación Colombiana de Fútbol, se hizo más famoso con el escándalo de Fifagate. Y si se tocan varios equipos de balompié del país, sí que resultan escándalos. Para completar este calvario, el almuerzo en pocos días estará acompañada con el escándalo de Bioenergy.

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La corrupción ha dado paso al populismo

La corrupción en todo el mundo, en particular en América Latina, ha garantizado el surgimiento del populismo y los ‘dioses’ salvadores de la patria: Fujimori en Perú, donde, la presidencia de ese salvador aplicó un remedio peor que la enfermedad; el diminuto ‘fujimorito’ colombiano, qué sí que tiene asuntos pendientes con la justicia, pero sabe tanto de la corrupción y los crímenes de los otros, que no lo tocan para que el naipe no se desbarate.

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El tema es pertinente para rememorar lo que expresó Kofi Annan, exsecretario general de La ONU: “La corrupción…debilita la democracia y el imperio de la ley, conduce a violaciones de los derechos humanos, distorsiona los mercados, erosiona la calidad de vida y permite que florezca el crimen organizado, el terrorismo y otras amenazas a la seguridad humana…”.

 

“La corrupción daña a los pobres de manera desproporcionada al apartar de sus fines originales fondos que habrían sido para el desarrollo, al dificultar la capacidad de los gobiernos para proporcionar servicios básicos, al producir desigualdad e injusticia y al desanimar la inversión extranjera”: Kofi Annan.


Al fantasma sería fácil hacerle el exorcismo, si los ciudadanos se lo proponen. Además, estudiosos de la corrupción, coinciden en que un ‘bebedizo’ que se podría usar para al menos minimizarla, sería con la educación, formando ciudadanos, más con el ejemplo que con discursos de profesores y padres de familia; enseñando a la niñez y a la juventud, que el dinero fácil marchita una sociedad y puede hacer más daño que la bomba atómica.


Diego Arias Serna ([email protected] / [email protected])
Profesor- Investigador universidad del Quindío
Especial para LA CRÓNICA


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