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General / ABR 27 2013 / Hace 5 Años

Un siglo y diez años vivió don Heraclio

Hace dos años, cuando le pregunté qué edad tenía, me contestó: “Estoy pasado del paquete”.
Un siglo y diez años vivió  don Heraclio

“Con mi trabajo eduqué a mis ocho hijos, en universidades del país y gracias a Dios hoy todos son profesionales y tienen su empleo o su propia empresa”.

Entonces me mostró la cédula de ciudadanía: Heraclio Téllez Niño, nacido el 31 de diciembre de 1902, en Jesús María, Santander. Tenía razón, estaba pasado casi ocho años del paquete. Esa conversación cumplió dos años, en octubre pasado. Hoy es solo un recuerdo, que traemos a nuestros lectores, tras la muerte, hace quince días, de este hombre que creció con el municipio de Calarcá.

En ese lluvioso mes de octubre de 2011, lo encontré sentado en una silla mecedora de mimbre, ubicada en el corredor de tablas de caracolí de su casa esquinera, de aquellas de bahareque que lucen esbeltas en los alrededores de la plaza Bolívar de Calarcá. Heraclio se alegraba con las visitas, parecía renacer cuando empezaba a contar su historia que comenzó en el mismo año cuando se firmó el armisticio para acabar la funesta Guerra de los Mil Días en Colombia.

Con orgullo exaltaba el trabajo duro en el surco, sin tregua, como el origen de su longevidad y de su tranquilidad económica. “Salí de Jesús María a la edad de quince años, con un amigo que me llevó a Bogotá a trabajar como obrero de la construcción. Luego fui al Salto de Tequendama a órdenes de una compañía que cavaba un túnel para conducir agua, y después bajamos a Ibagué, donde permanecí dos meses. Hasta que decidí venirme para Calarcá. Todo lo hice a pura uña, a pie”, relataba Heraclio con una voz pausada, pero segura, sin titubear y sin perder el hilo de la conversación.

“Recuerdo que la vía de la Línea era un camino de herraduras por donde transitaban mulas. Dormí en Ventiaderos, por gracia de tres muchachos que se compadecieron y nos pagaron, a mí y a mi compañero, una piecita y el desayuno a la mañana siguiente. Creo que era el año de 1918, Calarcá era un pueblito de cuatro casas. Los muchachos que nos acompañaban nos dijeron: ‘Quédense aquí que en Calarcá uno no se muere de hambre’, y así lo hicimos”.


Obrero del campo

El pueblo no era más que la placita y sus casas alrededor, con calles empedradas que asomaban tibios reflejos de su crecimiento. Heraclio Téllez se empleó en una finca cercana como recolector de café, recibiendo como retribución solo la comida y la dormida. Una semana después salió a la plaza y allí se conectó con Ramón Aristizábal, que lo contrató para coger café en la finca Guacarí, donde le pagaron 65 centavos por arroba recolectada.

Entre finca y finca, como recolector de café, Heraclio llegó a la Moravia, en Quebradanegra, donde trabajó durante siete años, sin descansar. “Mientras mis compañeros se iban para el pueblo los sábados y domingos a buscar viejas y licor, yo me quedaba trabajando”, contaba. Así, pronto logró ahorrar lo necesario para comprar su propia finquita.

Resolvió pasarse a trabajar donde un vecino, Vicente Londoño, en la finca El Silencio, que después de explotarla en compañía de su propietario la adquirió por $2.500, que abonó con sus ahorros y un préstamo que le hizo la Caja Agraria. “En la primera cosecha logré 50 cargas de café, cuyo producido económico me sirvió para pagar la mayor parte del crédito”
.
Siguió trabajando como cualquier trabajador, a pesar de ser propietario de un pequeño fundo. “Para entonces se establecieron dos métodos para las recolecciones de las cosechas: al contrato y la compañía. Se arreglaba con los dueños de las fincas y eso daba muy buena plata para las dos partes, para el propietario y para el trabajador o mayordomo que firmaba el convenio”.


Un ahorrador de verdad
Los ahorros crecieron y pudo hacerse a otra finca, El Pital, que le compró a una viuda que vio la imposibilidad material de administrarla y producir en ella, tras la muerte de su esposo. Para entonces, había conocido ya a Tulia Restrepo, a quien hizo su novia, pero con quien no se casó. Al contrario, le propuso matrimonio a Pastorita Toro y la hizo su esposa en el año de 1935. Con ella tuvo 8 hijos. Fue ella, su mujer, quien le enseñó a leer, escribir y llevar cuentas, esto último lo hacía mentalmente, sin necesidad de rayar, y con perfección matemática.


Vivió la dura violencia
Llegada la época de la violencia, años cincuenta, tuvo que huir con su mujer y sus hijos de la finca y se estableció en una pequeña casa en el pueblo. “Fue muy duro porque la amenaza constante de secuestro y de muerte no nos permitía ir a las fincas. El agregado entregaba muy poca plata y me tocaba ir, a hurtadillas, a sacar platanitos y yucas, casi a escondidas, para alimentar la familia. Pero resistimos, llegó la reconciliación y la paz y volvimos a trabajar la tierra. En 1970 pude comprar esta casa, aquí en la treinta y desde entonces vivimos en ella”, decía con orgullo.

“Con mi trabajo eduqué a mis ocho hijos, en universidades del país y gracias a Dios hoy todos son profesionales y tienen su empleo o su propia empresa. Vivo feliz, a pesar de la muerte de mi esposa hace ya casi 20 años”. Heraclio vivía en la bondad de su hija Libia, que dedicó su vida a cuidarlo, y en la ternura de sus 15 nietos y 5 bisnietos.

Heraclio Téllez Niño era, tal vez, hasta el sábado pasado, el hombre vivo más viejo del Quindío. Era don Heraclio el ejemplo vivo más expedito de la importancia del trabajo, la disciplina, la honradez y el ahorro, que complementados con los créditos blandos de las instituciones del sector rural, procuraron una vida digna y placentera para muchos como él. Solo hizo un viaje en la vida, de Jesús María, Santander, a Calarcá, Quindío. Y aquí se ancló como un barco varado, que jamás arregló sus velas. El pasado sábado, hizo su segundo y último viaje, se marchó para siempre. Se fue don Heraclio Téllez con un siglo y diez años en sus espaldas, con los recuerdos nacidos del sudor y de los trabajos en el cafetal, acunados en la Calarcá de poetas y cantores que hoy lo lloran y lo recuerdan.


Por Miguel Ángel Rojas Arias

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