Miércoles, 14 Nov,2018

General / MAR 03 2015 / Hace 3 Años

Un terremoto y muchas intrigas casi matan al parque del Café

Segunda y última entrega de las 23 microhistorias del Parque Nacional del Café.

Un terremoto y muchas intrigas casi matan al parque del Café

Diego Arango Mora, precursor del parque.

Vea también: Revelamos 23 microhistorias del Parque Nacional del Café (parte I)

El primer reto al que se le midió Diego Arango Mora –padre del Parque del Café- después de los primeros 3 años de inaugurado el museo y la zona ambiental, fue a construir una segunda etapa, a ampliarlo, introduciendo una serie de atracciones mecánicas donde niños y jóvenes se divirtieran y, además, quisieran siempre volver a él. 

 

La segunda parte del parque

La nueva etapa solo se podía hacer consiguiendo un crédito. La ampliación del parque y sus primeras atracciones mecánicas demandaba grandes inversiones. Hasta el momento, 1998, el parque no había adquirido deudas. Se solicitan préstamos en las entidades del gremio: Corporación Financiera de Caldas, Corporación Financiera de Occidente, Banco Cafetero y Concasa. “Nos tocó el escenario de las más altas tasas de interés: DTF + 15 puntos. Eso quebró a todo el mundo, porque además era de corto plazo. El parque es capaz de pagar eso, nos dijimos, unos $9000 millones, y arrancamos la expansión de la idea”.

“Compramos equipos de segunda mano en Nueva York, Atlanta y los Ángeles. Adquirimos la montaña rusa, el teleférico, juegos infantiles, equipos muy valiosos y en perfecto estado, y empezamos a realizar las obras”.

 

Invasión permitida

Había que resolver un problema: ¿Cómo introducir  una Montaña rusa, un teleférico y otros atractivos, sin afectar el paisaje y la historia del café? Lo primero que se pensó fue rescatar la arquitectura de la región, y se construyó una gran plaza con las viejas casas de bahareque, la estación de bomberos, la iglesia, la pila de agua, al estilo de los pueblos del Quindío, y la estación del ferrocarril de Armenia. Pero a esa estación de 1930 había que ponerle un tren que recorriera el parque, y así se hizo.

 

La estación de Montenegro  y el puente

“Resuelta la arquitectura de la estación de Armenia como centro de atracción, buscamos fotografías para rescatar la estación del tren de Montenegro y hacer una réplica en una de las paradas del ferro que recorre el parque. En ese recorrido había que pasar una quebrada y, por supuesto, había que hacer un puente para el tren. Rescatamos el antiguo puente que aún existía sobre el río Espejo, cerca de la vereda Pantanillo. Hubo que negociarlo con los Ferrocarriles Nacionales, arrancarlo del sitio y restaurarlo porque estaba oxidado y en muy mal estado, pero lo hicimos”.

 

La locomotora a vapor

La locomotora para mover el tren alrededor del parque la donaron los empresarios Gustavo Alberto Castaño y Juan Carlos Gaviria Trujillo (hermano del expresidente de la República César Gaviria Trujillo). La adquirieron en Flandes, Tolima, a los Ferrocarriles Nacionales. La máquina estaba abandonada, al sol y al agua y desvalijada. “Cuando fuimos a ir por ella, vimos en un periódico que unas personas, con equipo de soldadura, estaban destruyendo la locomotora. Inmediatamente me fui para Flandes y, efectivamente, la encontré arruinada. Se me vinieron las lágrimas al ver el atentado contra ese patrimonio, que ya era de nosotros. Amenacé con una demanda al Fondo de los ferrocarriles si no me entregaban otra locomotora. Ellos accedieron y hallamos una más pequeña, de 6 ténderes, que se adecuaba más a nuestras necesidades. Era una locomotora belga de 1927”. Le advirtieron que fuera por ella al otro día, de lo contrario, se la robaban.

 

Viaje y restauración

En menos de 8 día, grúas y cama-bajas entraron por los matorrales de la antigua estación de Flandes y cargaron con la locomotora. Hubo que comprar pólizas para asegurar todos los puentes por donde iban a pasar con semejante peso.  La pusieron en Bogotá. “Allí busqué al famoso ingeniero Gustavo Arias de Greif, el máximo conocedor de este tipo de locomotoras que, cuando la vio se le encharcaron los ojos. ‘Yo la restauro’, me dijo.  Efectivamente, buscó los mecánicos que habían trabajado con él en los Ferrocarriles Nacionales y se pusieron en la tarea de hallar campanas, relojes, manómetros y muchos otros elementos, hasta que la puso a punto”.

En 1998, el pito tradicional e histórico de esta máquina a vapor volvió a sonar en la meseta de Bogotá, y, otra vez, con lágrimas en los ojos, la vimos volver a rodar por los viejos rieles de la estación de La Sabana.

Traerla hasta Armenia fue una odisea. Comprar las pólizas para asegurar los puentes, separar el ténder de la locomotora y otras piezas, especialmente de las ruedas, contratar grúas y cama-bajas, ocuparon el tiempo de Arango durante casi un mes. La Locomotora estaba, por fin en el parque, y nadie mejor que el propio Arias de Greiff para ponerla a funcionar.

Actualmente dicha locomotora a vapor, una de las pocas que queda en el mundo, ha sido enviada al cuarto de San Alejo, está abandonada en un estado deprimente, oxidándose. “Ojalá las directivas actuales reflexionen sobre este patrimonio y la vuelvan a poner en marcha, y si no es posible, que le asignen un lugar digno para conservarla”.

 

El terremoto que casi mata al parque

El Parque Nacional del Café inauguraría sus atracciones mecánicas en junio de 1999, según el cronograma de trabajo. Pero, un poco antes, el 25 de enero de ese año llegó un terremoto y dejó maltrecha la obra. Colapsaron las redes de alcantarillado y energía eléctrica, se desalinearon las torres del teleférico, se averiaron las estructuras de muchas de las construcciones. “Quedamos full endeudamiento y con las puertas cerradas del parque”.

“Ese día cuando llegué al parque lo que vi fue una catástrofe, y cada uno de sus empleados vivía su propio drama. Todos llorábamos. Les dije, hasta aquí llegó este proyecto: estamos muertos: full endeudamiento y sin forma de nuevos créditos, y el parque cerrado”.

 

Segundos padres del parque

Aquí surge el segundo autor del parque: los trabajadores. “Miren, les dije, hay una forma de volverlo a reconstruir. Trabajar día y noche al fiado, durante todo el tiempo que demande la restauración. A cada uno se le anota el salario en una libreta, si salimos adelante, les pago y si no, pues no hay plata. Lo único que puedo hacer es conseguirles durante estos 6 meses un mercado semanal”. Todos aceptaron, y a decir de Arango Mora, por eso está vivo el parque, “pero ese episodio y ese gesto de los trabajadores, también se olvidó”.

 

El carcelazo

A Diego Arango Mora lo nombraron en la junta del Fondo para la Reconstrucción del Eje Cafetero –Forec-, y allí tomó una decisión crucial para el futuro del parque, pero peligrosa para él. Pegado de uno de los artículos del decreto presidencial que ordenaba la reconstrucción, Arango vio que era posible invertir dineros del Forec para revivir el parque. “Según el decreto, una de las tareas era invertir en la reconstrucción de las empresas, recuperar la actividad económica y social de la región. Presenté un proyecto para la reconstrucción del parque como entidad sin ánimo de lucro, porque estaba seguro que reabriéndolo sería un ancla para reactivar la economía de la región, generando empleo”. El parque tiene que ser el dinamizador de nuestra economía, le dijo a la junta directiva del Forec. Lo aceptaron y destinaron $2.000 millones para la recuperación. Con este dinero, más la mano de obra fiada, se logró que en agosto de ese año del terremoto, el parque abriera las puertas al público.

Pero los enemigos no se hicieron esperar. Una demanda penal por posible peculado por acción llegó a la fiscalía contra quienes firmaron el acta de destinación del dinero: Diego Arango, el exalcalde Álvaro Patiño Pulido y el empresario antioqueño Manuel Santiago Mejía. “Estuve detenido 20 días, pero mientras tanto, el parque entraba en funcionamiento y la economía de la región empezaba a recuperarse”.

Al final, la Fiscalía concluyó que la decisión estuvo ajustada a la ley, al decreto de emergencia por el terremoto. El Fiscal de entonces, Alfonso Gómez Méndez, dijo en un medio de comunicación en el balance de su gestión de 4 años: “Mi mayor error en la Fiscalía fue haber librado ese acto de detención contra los señores Diego Arango, Álvaro Patiño y Manuel Santiago Mejía”.

 

Consecuencias de las intrigas

Como consecuencia de esas intrigas contra el parque y contra sus directivos, el gobierno excluyó del decreto de la reconstrucción el tema económico y empresarial. “Ahora, esos enemigos de la región se rasgan las vestiduras diciendo que la falta de reconstrucción económica fue culpa del Forec, cuando fueron esos ciudadanos, los que hicieron las intrigas, los verdaderos culpables”.

 

Siembra de la bonanza

El Parque Nacional del Café es el referente para el desarrollo turístico del Eje Cafetero, no cabe duda. Antes de este sitio ancla, ni el Quindío ni el Eje Cafetero existían en el imaginario turístico nacional. ¿Cómo se dio ese milagro? Lo explica muy bien Arango Mora: “El gremio cafetero del Quindío sembró la bonanza cafetera de los 70s y 80s  en acueductos, alcantarillado, vías, pavimentación, electrificación, escuelas, centros de salud y, en fin, de una gran red de infraestructura. Cuando empezaron a llegar los turistas, por la existencia del parque, esa infraestructura sembrada 20 años atrás hizo posible el desarrollo turístico. Eso no se hizo en otros departamentos.

 

Proyecto ancla

El parque fue el proyecto ancla para el turismo en el Eje Cafetero. A Armenia, por ejemplo, antes del parque, le llegaban 18 pasajeros diarios por el aeropuerto El Edén. Hoy tenemos entre 7 y 8 vuelos nacionales, cada uno con un promedio de sesenta viajeros, dos vuelos internacionales. De dos modestos hoteles, contamos hoy con 900 hostales, cuatro hoteles de alta categoría en la capital y otros lugares, gastronomía, centros comerciales y cerca de un millón de turistas anuales.

“¿Qué hubiese sido de este departamento si la crisis cafetera no hubiese tenido esta alternativa turística?”, se pregunta Diego Arango, con la nostalgia de tantas horas dedicadas a este proyecto, pero con la alegría de haberlo logrado.

 

¿Cómo ve el parque hoy, doctor Diego?

“Veo un parque creciendo como debe ser, con innovación permanente como en los grandes parques de atracciones en el mundo. Me preocupa el arrinconamiento de elementos de la historia del café, eso me duele, porque la parte histórica la están relegando, debería actualizarse y tener un papel protagónico. Hay que hacer mayor énfasis en el mantenimiento de las instalaciones, en eso hay que ser excesivamente exigente, porque es un lugar que está expuesto al examen público. Y tengo una queja personal: estoy trayendo a la región una gran cantidad de inversionistas extranjeros, motivados por proyectos que estoy presentando. Quedan sorprendidos con la región y los llevo al parque, para que tengan una idea clara en lo que puede convertirse su inversión. Hago un trabajo para el departamento, para sus gentes, para la generación de empresa y empleo. Y no puedo aún convencerme, que a mí y a las personas que traigo no nos permitan ingresar al parque sin comprar las entradas. Eso me duele profundamente”.

 

Otros parques

Después del parque del Café, en el Quindío hubo otros proyectos similares: Panaca, Parque de los Arrieros, Mariposario, Pacea, etc. Diego Arango sigue trabajando para que sean más: “sigo empeñado en 2 proyectos en el Quindío: Estación Orión y un parque de aguas. Estamos buscando inversionistas que creen en nuestra región. Esperamos concretarlos este año. Si eso se da, el Quindío debe convertirse en lo que hemos visionado, en el Orlado de América Latina. A propósito, discrepo de Rodrigo Estrada, presidente de la Cámara de Comercio, cuando afirma que el Quindío no necesita más parques. Estrada no conoce del tema, no conoce la experiencia de Orlando y La Florida, donde todos los días se generan nuevos proyectos”.

Arango Mora es promotor también de iniciativas parecidas en Girardot, donde se proyecta un parque de la cultura agustiniana, lo mismo en Guasca Cundinamarca, sobre la cultura Muisca-Chibcha, y en Roldanillo Valle.

 

Triste colofón

¿Lo invitaron a la celebración de los 20 años del Parque Nacional del Café, doctor Arango?

“No me invitaron. Los señores directivos del Parque del Café no saben quién son yo”.

 

 

Miguel Ángel Rojas Arias


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