Jueves, 22 Ago,2019
La Salida / AGO 28 2017 / hace 1 año

Un viaje al México ancestral en viñetas

La calavera de cristal articula el talento de Juan Villoro con la ilustración de Bernardo Fernández.

Un viaje al México ancestral  en viñetas


Una buena historia siempre encontrará, con el concurso de un autor diligente, la mejor forma (formato) para ser contada. Cuando el formato permite que haya la confluencia de dos mentes inquietas y brillantes para materializar la historia, los lectores omnívoros logramos saciar con deleite nuestro apetito. Así ocurre con La calavera de cristal, obra que articula el talento narrativo de Juan Villoro con el cuidadoso trabajo de ilustración de Bernardo Fernández (Bef), ambos mexicanos y con trayectorias más que destacadas.

Publicada en 2011 por la editorial Sexto Piso, la obra contó con una gran expectativa al tratarse de “la primera novela gráfica” de Juan Villoro. Con ella el autor daba un paso más en su trasegar por los géneros y formatos para conquistar lectores. Y es que vale recordar que Villoro se mueve con destreza en los campos de la narrativa y el pensamiento, en su haber se cuentan más de una veintena de títulos entre novelas, colecciones de cuentos, crónicas, ensayos y libros para niños y jóvenes.

La lectura de la obra depara una experiencia gozosa para quienes apenas nos acercamos a la narrativa secuencial, pero antes de comentar de qué va la historia y dar una valoración, quisiera mencionar una curiosidad sobre la recepción de la obra en México. En una columna fechada en febrero de 2012, Joselo, integrante de la agrupación Café Tacuba, para la que por cierto Villoro también ha escrito un par de canciones, no ocultaba una cierta decepción frente a la obra: “…creo que llamar novela gráfica al trabajo de Villoro y Bef no es una buena estrategia de marketing. El nombre de Juan Villoro junto a la palabra novela nos lleva a pensar en algo serio o para decirlo con una palabra que no me gusta, pero que define muchas cosas: en algo adulto”.    

El comentario parte de una confusión, de una falsa expectativa. “Yo, para ser sincero, me esperaba algo parecido a la adaptación del texto de Paul Auster que le hizo David Mazzucchelli y Paul Karasik a La ciudad de cristal. Esperaba una historia del tipo Llamadas de Amsterdam contada en imágenes, pero cuando vi el libro expuesto en la librería me di cuenta de que la cosa no iba por ahí”.

Aquí cabe recordar que uno de los grandes prejuicios a los que ha tenido que enfrentarse el cómic y la novela gráfica es el de ser lecturas para un público infantil y juvenil. El mercadeo, algunos planes de lectura, y libreros y promotores de lectura que no leen se han encargado de enquistar este prejuicio. Si bien esta obra de Villoro y Bef es catalogada como novela gráfica, en cuanto a su formato físico está más cerca al álbum de cómic tipo Tintín, es ahí donde sobreviene la decepción del comentarista Joselo.
Olvidándose de clasificaciones y formatos, el lector de cualquier edad encontrará en las páginas de este libro (sí, libro, a secas, eso es lo que importa) una historia tan completa que la envidiaría cualquier guionista de cine de aventuras.

Veamos: Gus, un adolescente inquieto, se empeña en saber quién fue su padre, piloto que murió en extrañas circunstancias cuando él tenía 4 años. A partir del conflicto de pertenencia de este muchacho se teje una trama en la que la búsqueda lo llevará a descubrir una parte del México ancestral exaltando ciudades prehispánicas como Paquime y Yaxchilán. De la mano de un puñado de personajes, amigos y antagonistas singulares (Máquina, su tío Felipe, el gordo Bernabé, Jerónimo El Reptil Rodero, Venus de Venegas, Xipe Totec, Roberto Bob Boby, etc.), Gus emprende la aventura que incluye intriga, tráfico de piezas arqueológicas, búsqueda de tesoros y experimentos científicos, elementos que ponen la obra en sintonía con Indiana Jones y el ya mencionado Tintín.

Basado en un guión que escribiera Villoro a cuatro manos con Ignacio Echevarría en los noventa, el texto de La calavera de cristal encontró la mejor forma para llegar a diferentes lectores gracias a los trazos de Bef, uno de los dibujantes de la vanguardia del comic en el continente además de autor con mucho pulso para materializar las visiones de otro autor, según lo ha dicho el propio Villoro.

Como obra que aborda asuntos tan sensibles y trascendentales dentro de la idiosincrasia mexicana a través de un formato poco habitual, La calavera de cristal corre el riesgo de caer en el estéril canon de las obras de referencia para “acercar” a los jóvenes a la Historia de su país. Por supuesto esta no es la intención ni la aspiración de los autores. Al respecto, Villoro ha dicho: “No quisiera que el texto fuera un plomazo pedagógico para los jóvenes, pero si me interesa que reflexionen sobre la forma en que el pasado constituye su vida y la importancia de preservar el patrimonio. Por eso aparecen contrabandistas, fetichistas, coleccionistas ambiciosos, que representan distintas amenazas para el arte. México ha sido tierra de saqueos y vale la pena cuidar nuestras piezas.”

Acercarse a este trabajo colaborativo de dos autores en plena madurez creativa permite desvirtuar los prejuicios que polarizan y limitan el acceso a los contenidos literarios de calidad. La literatura es una, y siempre que haya una buena historia y la laboriosidad de un autor que se enfrente a la desbordante belleza del lenguaje, surgirá ese milagro que será un poema, un cuento, una novela, una historieta o una novela gráfica, y ese milagro será consumado en el encuentro con el lector. 


Juan Felipe Gómez Cortés    
Especial para LA CRÓNICA
 


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