Miércoles, 21 Nov,2018

Deportes / MAY 12 2013 / Hace 5 Años

Vanessa Quiñones: un sueño hecho mundial

Estaba en máxima concentración. Como en un sueño era envuelta por un espejismo; se sentía en su gimnasio de Armenia y escuchaba como su entrenador le gritaba “tú puedes”.
Vanessa Quiñones: un sueño hecho mundial

Sin embargo, a lo lejos oía un murmullo, mucha gente hablando, respirando. Velozmente hizo un movimiento y la nebulosa se desvaneció. Estaba a la espera de su turno para competir, cuando el técnico de la selección Colombia se le acercó y le dijo: “Vamos Vanessa. Estás en el mundial”.

La mirada de Vanessa Quiñones se fijó en un punto que solo puede percibir cuando busca su fortaleza. Un escenario peruano y un público diverso esperaban ver el brillo del éxito en sus pupilas y temían por un fracaso que inundara sus ojos con lágrimas.
La magnesia cubrió las manos de la joven, que en repetidas ocasiones ha dejado en alto el nombre del Quindío, tan alto como los lugares que ha ocupado en los podio cuando realiza su ejercicio con éxito.

No obstante, esta vez no representaba simplemente a su departamento, sino que tenía inscrito en su cuerpo el nombre de Colombia. La responsabilidad parecía pesar más que el elemento que estaba a punto de levantar.

Había nervios, ese cierto vacío que le producen los retos, pues, además, su entrenador le había encomendado la labor de presentarse en una categoría superior a la suya: en 58 kilogramos. Ilusiones y ansiedad se revolvían en su estómago.

Era el momento del primer intento. Quiñones ubicó sus manos en la barra, la sensación del choque de la piel con el metal le anunció a su cerebro que debía hacer la mejor presentación de su vida, y se dispuso a realizar el movimiento de arranque.
Tomó aire, y con toda su fuerza llevó de un golpe la pesa a lo más alto. A veces regresaba de manera imaginaria a la sede de la Liga de Levantamiento de Pesas del Quindío, donde conquistaba hazañas sin tener muchos testigos y era felicitada por sus compañeros.

Descargó en la plataforma los 78 kilos que elevó unos cuantos segundos; miró a todos lados, tratando de grabar todo en su memoria, quizá ese día le servirá de motivación cuando esté entrenando. Le dio paso a una de sus contrincantes, y se acercó a su entrenador que la felicitó y le hizo recomendaciones.

Mientras esperaba a que la llamaran de nuevo, pensó en su familia, el motor que le da ánimos para continuar, para ser la mejor; a pesar de que al principio no hubiera entendido su vocación y no le hubiera prestado total apoyo.

Por su lado pasaban chicas de rasgos europeos, asiáticos, promesas en sus naciones, y halterofilistas en las que veía los mismos deseos que ella ha construido desde el inicio de su carrera. Sonrisas tímidas las separaban, pero en el fondo sabía que eran compañeras de su misma lucha, que hablaban otros idiomas, pero que compartían sus ideales.

La corta meditación que tuvo durante ese rato fue interrumpida. Debía enfrentarse otra vez con el público presente en ese mundial juvenil. Se sentía segura y tranquila. Quería darlo todo.

En esta ocasión se dispondría a ejecutar el movimiento de envión, con el que completaría la rutina que haría de esa una oportunidad de oro.

Puso sus pies con decisión sobre la plataforma. Su mente viajó de nuevo a la capital del Quindío, lugar donde descubrió la disciplina que le dio un rumbo claro a su vida. Retornó a los espacios donde comenzó el trazo de la meta que ese día estaba alcanzando: hacer parte de una delegación colombiana mundialista.

Cuando le dieron la orden de proceder, también recordó a Carlos Andica, el hombre que la ha impulsado y la ha tallado como la pesista de nivel que es hoy. Él, con su entrenamiento, le ha dado las herramientas para sobresalir, y el estar ahí tenía mucho que ver con el trabajo que a los 14 años inició a su lado.

98 kilos estaban a su disposición. La fuerza empleada se le notó en la cara. En ese momento, el tiempo pareció detenerse y su pensamiento voló. Retuvo por un instante la barra al nivel de sus hombros y todos sus seres queridos pasaron por su mente. Con el impulso de todo su cuerpo subió esa cantidad inmoble, para la mayoría de personas, hasta lograr que sus brazos se estiraran totalmente, la sostuvo y la regresó al suelo.

En un día, Quiñones elevó 176 kilogramos, una muy buena marca. La sonrisa de haber hecho un buen papel se dibujó en su rostro, sus capacidades resaltaron mundialmente y su futuro promisorio fue revelado ante todos.

Vanessa no llegó al pódium ese día, pero esto no la derrumbó. Fue la mejor del grupo en el que compitió, y el balance general la mostró como la octava del mundo, hecho que le dio una enorme satisfacción por haber escogido esta carrera y la convicción de que llegará más alto.

Su nombre está inscrito en un listado dorado de jovencitas prometedoras de la halterofilia mundial. Un grupo selecto, que seguro dejará huella en los Juegos Olímpicos Río de Janeiro-2016, uno de los anhelos más profundos de la cuyabra, que no duda en que podrá sobresalir allí.

Ahora deberá regresar a su gimnasio, donde ha pasado tantas horas junto a sus mentores y compañeros, fortaleciéndose y preparándose para romper muchas más fronteras y establecer récords.

Cuando esté allí, ante el espejo, llevando la pesa a lo más alto, en una de sus rutinas de entrenamiento, seguro dejará volar su imaginación, y se visualizará de pie frente a los cinco aros que tanto espera conquistar, con la bandera de su país en el pecho y una medalla de oro que brillará, pero que no opacará su esplendor.


Por Camila Caicedo


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

logo-copy-cronica
© todos los derechos reservados
Powered by: rhiss.net