Lunes, 18 Dic,2017

La Salida / OCT 12 2017 / Hace 2 Meses

“Vengo a Armenia a encontrame con mis recuerdos”, Javier Darío Restrepo

El escritor y periodista estuvo en el aniversario de la revista Así Somos. El alma de un quindiano se asemeja al alma de un jericuano.

“Vengo a Armenia a encontrame con mis recuerdos”, Javier Darío Restrepo


En Jericó, Antioquia, pueblo donde vio la luz de la vida, Javier Darío Restrepo solo estuvo año y medio, 18 meses, porque a partir de esa edad Armenia se convirtió en su terruño, la tierra en donde en compañía de sus padres y sus hermanos vivió su infancia, su adolescencia, su juventud.

En esta ocasión a qué viene a Armenia, le preguntamos.“A encontrarme con mis recuerdos”, fue una respuesta contundente mientras sus ojos se iluminaron de vida, de alegría, pero sobre todo de niñez.

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LA CRÓNICA DEL QUINDÍO dialogó con Javier Darío Restrepo quien se considera cuyabro por adopción y se siente orgulloso de haber recorrido durante más de 24 años desde sus casas de alquiler del parque Uribe, las calles de Armenia de la mano de sus 8 hermanos “ellos sí cuyabros de pura cepa”.

¿A qué se debe, en esta ocasión, la visita del maestro Javier Darío Restrepo a Armenia?

Primero a encontrarme con mis recuerdos, creo que no hay lugar del mundo en donde yo encuentre más recuerdos que en Armenia, porque aquí transcurrió gran parte de mi infancia y de mi juventud. Yo nací en Jericó, Antioquia, donde viví solo año y medio, el resto en Armenia. Yo llego aquí y por todas partes voy encontrando recuerdos.

¿En Armenia en dónde estudió y cuándo decidió irse?

Comenzaron a desasnarme las monjitas en el colegio de las Bethlemitas, allí fue donde aprendí mis primeras letras y obtuve mi primer premio que fue un mango, porque leí bien una página bastante pedregosa y difícil. Nunca se me olvidará la satisfacción y el orgullo que sentí a mis 7 años. De las Bethlemitas pasé a donde Don Eudoro Granada donde hice toda la primaria, establecimiento educativo que quedaba al frente de mi casa, era solo cruzar la calle y ya estaba en el colegio, después pasé al Rufino José Cuervo, donde hice mi primer año de bachillerato y después el resto en el seminario de Manizales, ciudad donde después haría teología y filosofía y la parte universitaria. Estuve trabajando en Montería, en Ibagué y finalmente recalé en Bogotá. En Armenia estuve hasta los 24 años.

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¿Qué encuentra en esta Armenia de hoy?

Le repito, recuerdos. Evoco los sitios donde de niño yo jugaba, había unos lotes vacíos en donde crecía la maleza. Con los compañeros de juegos jugábamos a los ladrones y los policías, yo era el jefe de los ladrones, porque tenía una capa y esta tenía cierto atractivo para nosotros como muchachos, me la ponía y al momento me consagraron como el jefe. Me sentía muy orgulloso de esa jefatura.

¿En qué lugares de Armenia vivió?

En el parque Uribe y del parque Uribe para acá, con la familia habitamos como en cinco o seis distintas casas porque como vivíamos en arrendamiento cada que había problemas económicos había que buscar otro hogar. Llegó un momento en que mi madre decretó: en adelante, cuando tengamos que hacer una mudanza la vamos a hacer de noche, para que no vean nuestra miseria. Fuimos nueve hermanos de los cuales hay siete vivos. 

¿De qué se trató la conferencia que vino a dar al Quindío?

Prácticamente seguimos en ese plan de exhumar recuerdos, me pidieron para la revista un artículo en el que hablara sobre de qué está hecha el alma de un quindiano, exploración que me resultó muy interesante pero al mismo tiempo muy parecida a otra que había hecho en Jericó, mi tierra natal. 

El centro de historia de Jericó un día me propuso hacer una conferencia sobre de qué esta hecha el alma de un jericuano, entonces era como investigar lo mismo sobre todo porque el personaje central que encontré, que finalmente me podría revelar de qué está hecha el alma de un quindiano, es mi padre. 

Con sus recuerdos, con esa admiración que siempre tuve por mi padre, pude llegar a constituir una lista de lo que son los atributos y virtudes de un jericuano, lo mismo que de un quindiano.

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¿Y hay mucha similitud?

Es casi lo mismo porque esta cultura del Quindío es la misma cultura de Antioquia, solo que esta está atravesada por la industria del café, allá está atravesada por los esfuerzos de los colonizadores, son primeros colonizadores y esas virtudes que se le forman en el alma a un colonizador a fuerza de retar la vida y de desafiar todas las incertidumbres es la misma que tiene que afrontar quien tiene que resolver su vida con la industria del café o contra alguna de las otras industrias afines, de modo que resultan muy parecidas el alma de un jericuano y el alma de un quindiano.

¿Y cómo es el alma de un quindiano?

Lo que más lo distingue es su sentido religioso que está marcado por una gran deficiencia y es que es ritualista, cree más en los ritos que en la propia vida, puede ser un tipo todo lo corrupto del mundo pero que no puede faltar a la misa ni dejar de rezar el rosario, es la diferencia entre el ritual y lo que es la vida.

Luego la laboriosidad, esta gente, la del Quindío, lo mismo que la de Antioquia ama el trabajo porque entiende que el trabajo es su vida, es su dignidad no hay depresión mayor que la que le puede ocurrir a cualquiera de los cuyabros que se encuentra sin empleo. Cuando se encuentran sin trabajo piensan incluso en el suicidio, porque el trabajo es la vida, luego el sentido de la dignidad, es un sentido bastante incompleto, que le da cierta fuerza, fortaleza a la vida, aquí faltarle al honor a una persona, es casi como apuñalarla, tanto que el afectado reaccionada como defendiendo su vida, son algunos de los elementos que tiene el Quindío. En la conferencia que hice en Jericó, un poco más amplia, utilicé mucho al gran escritor antioqueño Tomás Carrasquilla que es el que escribe más las costumbres como si se hubiera dedicado a describir y fotografiar el alma de los antioqueños.

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¿Viene con frecuencia al Quindío?

Siempre que puedo, claro como todos mis hermanos, esos sí son cuyabros no por adopción como yo, siempre que podemos y que hacemos reuniones preferimos venir a hacerlas aquí. Yo vivo en Bogotá, mis hermanos unos en Cali otros en Medellín y otros en Bogotá, aquí no queda ya ni uno de ellos pero siempre que venimos sentimos como si se tratara de un regreso a casa.
 

Periodista y escritor

Edad: 84 años. Periodista durante 53 años. Autor de 28 libros sobre periodismo, ética periodística, dos novelas y ensayos. Los últimos: La nube plateada (Ensayo). Yagé: experiencias medicinales (Reportaje). Laura: la mujer de las dificultades. El guardián del fuego (Novela). Reportero de televisión durante 27 años. Columnista en los diarios El Tiempo, El Espectador, El Colombiano y El Heraldo.

Defensor del Lector en el diario El Tiempo y en El Colombiano. Maestro de la Fundación Nuevo Periodismo en los últimos 21 años. Premio Nacional de Cultura de la universidad de Antioquia. Premio Simón Bolívar a la Vida y Obra. Premio a la Excelencia Periodística, Gabriel García Márquez, de la Fnpi. 2014. Doctor honoris causa, de la universidad San Andrés de La Paz, Bolivia, entre otros muchos. 

Es maestro de la Fnpi desde 1995. Experto en ética periodística, catedrático de la universidad de los Andes y conferencista en temas de comunicación social.


Germán Rojas Arias
LA CRÓNICA


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