La Salida / Marzo 11 de 2017 / Comentarios

Y por favor, miénteme

Y por favor, miénteme

Se encarga en su primera novela de observar a través de los recuerdos y relatos del clan Vila. Sorteando terrenos escarpados, detecta episodios dolorosos...


En los albores del siglo XX, una familia ostenta una posición privilegiada en Cartagena; su jurisdicción se remonta a diversas esferas, son ellos los encargados de precisar el porvenir de la región. Su autoridad y apariencia se estiman inquebrantables, al igual que su sólido manual de verdades. Su herencia han sido los absolutos, las verdades indivisibles y respetables que se han extendido y perpetuado con notoriedad en los alrededores. Sin embargo, su reino de lo correcto e inmodificable revela profundas grietas; los Vila, de linaje aristocrático, han cimentando su riqueza y posición a través de maniobras turbias, deshonestas. Gotas de un cántaro a punto de colmarse.

Fernando Araújo Vélez, escritor y periodista cartagenero, se encarga en su primera novela, Y por favor, miénteme (Sílaba, 2016), de observar a través de estos intersticios, los recuerdos y relatos del clan Vila. Sorteando terrenos escarpados, detecta episodios dolorosos y clausurados que le permiten articular las distintas versiones de los hechos, para contraponerlos y estimar sus efectos en el núcleo familiar de los Vila y la memoria de la región, en una tentativa por reconstruir a la historia a través de sus indicios.

Reconstrucción forjada a través de una polifonía de voces jóvenes que se esfuerzan por esclarecer las afirmaciones y acciones de sus antepasados. Dionisio, Helena y Henrique Vila, representan por momentos los ideales de trasformación, de ruptura con la tradición y enseñanzas heredadas. Su voluntad se centra en suprimir las mentiras establecidas como certezas, como verdades definitivas. Su proyecto experimenta tropiezos, obstáculos, pero así mismo, presenta adeptos y custodios que han buscado lo que ellos desde tiempo atrás.

Este propósito, sin embargo, se debilita en Dionisio a medida que devela paulatinamente los secretos y engaños cardinales de su familia. No resiste a las traiciones y maquinaciones familiares, ni sobrelleva la presunta locura de su prima Helena, mujer a la que ama en secreto. Y por ello decide refugiarse en el engaño, solicitando abatido en cartas e imaginariamente una mentira adicional. A su padre: “Y, por favor, miénteme, padre, dime que no fue cierto lo que murmuran por ahí, grítame que fuiste honesto como me dijiste que debía serlo yo, dime que tú sí fuiste honesto (…) miénteme, por favor, dime que es mentira que traicionaste a nuestra sangre, que es mentira que te escondiste en tu cuarto cuando supiste que a tu padre lo estaban matando.” A Helena: “Y, por favor, miénteme. Aunque sean tonterías, escríbeme, escríbeme, ojalá a mano, en tinta azul y en el papel más viejo que encuentres en el hospital (…) Envíame una carta, una de esas cartas de sello y buzón, si es que te dejan salir un rato, porque quiero sentir la ansiedad de que llegue el cartero y deje el sobre bajo la puerta de mi casa. Miénteme, que las mentiras a veces son un bálsamo, y a estas alturas, yo las prefiero a esta eterna culpa que me corroe. Miénteme, por favor, y dime que ya olvidaste, que ya no sabes quién pidió que te llevaran al sanatorio aquella noche de lluvia.”

Este registro al pasado de una generación colmada de incógnitas y engaños, revela así mismo, el flanco desprotegido de los Vila; sus aprensiones e incapacidades, los vínculos familiares malogrados por el silencio o la prudencia. Relaciones en las cuales no existían “ni grandes picos ni profundas hondonadas”. Aproximaciones que orbitan en torno a largas y amenas conversaciones sobre lo externo; viajes, negocios y política que sustituyen todo propósito por ahondar en la esfera personal, íntima. Solo sus lazos sanguíneos los emparentan. Son desconocidos que se aniquilan sin descanso.

Pese a este inventario de desacuerdos y aversiones, Y por favor, miénteme, se presenta como una eventualidad para resarcir heridas, culpas y pérdidas, siendo este el mecanismo de redención de los Vila. Y así mismo, se despliega como la promesa de una  transformación, de un viraje en los engranajes de una historia inmóvil, haciendo eco a las palabras de Estevan Camargo “Todos los absolutos son relativos, y como relativos que son pueden modificarse. Los absolutos cumplían y cumplen la función de mantener el estado de las cosas y preservar sus privilegios. Como relativos que son, no obstante, pueden modificarse, y esa modificación depende de que nosotros a este lado de la acera, decidamos dudar, rebelarnos, levantarnos un día y botar a la basura el manual de verdades que ustedes nos legaron”

A su vez, Fernando Araújo Vélez nos concede estos indicios, esta suma para ratificar la frase atribuida a Mark Twain, “la historia no se repite pero rima.” Los paralelos entre ambas generaciones, sus traiciones familiares y los abusos de autoridad ofrecen valiosas advertencias para comprender que no son necesarios vaticinios ni sortilegios para descubrir el porvenir de los Vila, con sus “veinte céntimos de pasado”

Aurora Osorio
Especial para LA CRÓNICA

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