Lunes, 12 Nov,2018

Opinión / NOV 22 2015

Aún falta la verdad (1) Nelson Duque Quintero

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Tuve la inmensa fortuna de conocer y conversar con Carlos Horacio cuando continuaba mis estudios de Filosofía (1970-1972) y culminaba mi maestría en Lingüística (1972-1975) en la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica). Allí pude darme cuenta de su inteligencia, sensibilidad y compromiso con las causas sociales de los desprotegidos y excluidos. 

Carlos Horacio Urán Rojas era magistrado auxiliar del Consejo de Estado cuando el Palacio de Justicia fue tomado por guerrilleros del M-19  (Operación Antonio Nariño por los derechos del hombre) el 6 de noviembre de 1985. Las Fuerzas Militares retomaron el Palacio de Justicia. De allí salió vivo Carlos Horacio quien sería después torturado y ejecutado extrajudicialmente. 

Había nacido en Angelópolis (Antioquia) el 7 de mayo de 1942. De familia campesina desplazada por la violencia política de los años 50. Sus estudios  los inicia en la facultad de derecho de la Universidad de Antioquia y los culmina en la Universidad de la República (Uruguay). Investigador, Abogado,  especializado en derecho administrativo, Master en ciencia política y filosofía del derecho y candidato a doctor.

En Paris lleva a cabo una pasantía en el Consejo  de Estado de Francia. Experiencia que le posibilita ingresar al Consejo de Estado de Colombia como magistrado auxiliar. Por esta época aciaga preparaba su disertación doctoral en ciencias políticas con la Universidad de Paris bajo la dirección del profesor Maurice Duverger sobre la Participación de Colombia en la guerra de Corea.

Se caracterizó por su liderazgo en los movimientos estudiantiles de los años 60 en contra de las imposiciones gubernamentales que impedían el acceso a la universidad de los más pobres.

Creó la revista Víspera (1966) donde canalizó sus inquietudes sociales y políticas. Líder reconocido a nivel nacional e internacional (Montevideo, Santiago de Chile, Caracas, Washington). Estuvo vinculado a grupos sociales de avanzada que posibilitaron después la teología de la liberación. Pertenecía a los movimientos de las juventudes cristianas que le proporcionaron una gran sensibilidad social y la necesidad de un compromiso con la justicia y la igualdad humana.

Por eso mismo consideraba la política como servicio  y búsqueda del bien común.  


En 1971 publica en Lima Participación política de la Iglesia en el proceso histórico de Colombia. Su preocupación política era crear un gran frente de lucha social como el partido de los trabajadores de Brasil o el frente amplio de Uruguay. Su proyecto era ser partícipe de un estado social de derecho para que los que siempre han sido excluidos fueran considerados y respetados.

 

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