Sabado, 19 Oct,2019
Opinión / MAR 20 2018

Gracias, padre

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“¡Dios bendiga a los conservadores de Colombia!, exclamó al final de la homilía. Nuestra es la buena patria, la riqueza de sus suelos, la concupiscencia de sus mujeres, la voluntad de sus gentes, los mares, el cielo, el oxígeno. No permitas a tus siervos, poderoso Señor en las alturas, levantar su voz contra tan sublime casta. No permitas violar lo inviolable, que de lo violable nos ocupamos nosotros. Los que estamos aquí reunidos te imploramos imponer obsecuente genuflexión del pueblo frente a sus pastores. Que nadie ose hablar de identidades, de formas de ver el mundo, de reconocimientos genuinos, de diversidades, de raíces étnicas ni multiculturales. Líbranos del mal, santísima Trinidad, del cine sin cortapisa, del sexo sin amor, del bambuco montañero, del carnaval barranquillero, de tangos y boleros, de mujeres en pantalón o minifalda, del ateísmo liberal, del comunismo demoniaco y de toda maligna ideología excretada en el camino de la verdad por los perros Satán, amén, amén y amén. Dicho esto, dedicó un minuto de silencio a escudriñar su auditorio. Quiso descubrir la mirada de algún apóstata, pero no encontró ninguna. Entonces impartió una bendición masiva como la pobreza, y se retiró en santa paz a sus aposentos. Sentado en el suelo, al lado de la puerta, un monaguillo esperaba por comparecer ante su presencia. Monseñor extendió su mano al desvalido, esbozó un amago de sonrisa, se mordió el labio inferior, gracias, padre, murmuró, pero el padre ni vio ni escuchó”. 

Este microcuento, que lleva el mismo título que le di a la columna, lo escribí, hace varios años, inspirado en la vida y obra de varias de las figuras emblemáticas de la iglesia católica colombiana. Hablo de Miguel Ángel Builes, el que dijo que matar liberales no era pecado. Hablo de Darío Castrillón, el que dijo que había recibido dineros de la mafia para repartirlo entre 105 pobres. Hablo de Isaías Duarte Cancino, de quien dijo alias H.H., era el consejero espiritual de Carlos Castaño. Y hablaría de muchos más, porque bandidos con sotana ha habido por montones en Colombia, pero no me alcanzaría el espacio para hablar de los arzobispos y los curas decentes, que también los hay. A la vista están los casos de Darío de Jesús Monsalve, arzobispo de Cali, y de Darío Echeverry, secretario se la Comisión de Conciliación de la iglesia católica, dos hombres que se han jugado el pellejo y la credibilidad por la paz de Colombia. Más acá, en el municipio de Montenegro, está José Luis López, párroco de La Soledad, un cura filósofo que con igual fluidez cita la palabra de Cristo y la de Nietzsche. Que lo mismo disfruta los diálogos de Platón que la cantaleta de Fernando Vallejo. Un cura humanista, honesto, sensato, pensante, crítico y valioso, como pocos.  


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