Jueves, 17 Oct,2019
Opinión / SEP 25 2018

Agua e hidroeléctricas…

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La ecofinca La María, situada en la vereda El Dorado del municipio de Génova, está actualmente en el centro de una 'nueva' controversia sociotécnica a escala regional. Desde hace algunos años esta finca caficultora ha sido beneficiaria de un juicioso y bien pensado proyecto de restauración y transición agroecológica, basado en el cultivo de biodiversidad agrícola, sin recurrir al uso de factores externos de producción. Sus actuales gestores, Viviana Viera Giraldo y Hansen Albarracín, guiándose por la realización de valores ecológicos, han puesto en práctica un estilo de vida digno y sostenible, esto es, donde la actividad económica y las acciones ecológicas no solo son plenamente compatibles, sino complementarias.

El pasado 20 de septiembre del año en curso, Viviana y Hansen recibieron con sorpresa un documento donde Las empresas E-lectrica y la empresa consultora Econ, invitan “a la comunidad de la vereda El Dorado a una reunión informativa sobre la iniciativa: Proyecto de energía renovable pequeña central hidroeléctrica en el municipio de Génova”, a realizarse el próximo 28 de septiembre. Llama la atención que aunque este proyecto viene consolidándose desde 2016, las autoridades municipales y departamentales manifiestan saber muy poco al respecto. En cambio no han permitido la entrada de personal para estudios relacionados con este proyecto. Sin embargo, y paradójicamente, este predio se vería tremendamente afectado por la artificialización de su medio natural: por allí pasan los ríos Gris, San Juan y Rojo, los dos primeros desembocan en el último. Estos tres ríos serían canalizados a lo largo de once kilómetros, desde la cabecera municipal hasta la ecofinca La María, en túneles de cinco metros de diámetro, y luego depositados en la casa de máquinas que también estaría ubicada en el mismo predio.

Una central hidroeléctrica, como lo señaló el filósofo alemán Martín Heidegger (La pregunta por la técnica), “no está construida en la corriente del [río] como los viejos puentes de madera, que, desde hace siglos, unen una orilla con la otra. Más bien, está el río construido [obstruido] en la central.” El río pasa entonces a ser un objeto técnico mercantilizable como corriente, en tanto proveedor de presión hidráulica. En este sentido, las fuentes hídricas obstruidas en las centrales hidroeléctricas dejan de ser valoradas por sus múltiples funcionalidades ecológicas y pasan a ser estimadas solo en función de intereses económicos particulares tales como productividad y rentabilidad.

El agua que sale de una turbina no es la misma que aquella que lleva la fuente hídrica natural. Por tanto, este proyecto no solo privatizaría un bien común de vital importancia para el territorio, sino que comprometería la biodiversidad y la capacidad de resiliencia del territorio, impidiendo que generaciones presentes y futuras disfruten de los servicios ecosistémicos que estos ríos nos aportan. Antes de cualquier reunión con las empresas promotoras de este proyecto, es necesaria una deliberación amplia e informada sobre los valores que las comunidades implicadas en este proyecto consideran prioritarios, máxime si la central hidroeléctrica representaría una amenaza para el Paisaje Cultural Cafetero.


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