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¡Carajo, todo el mundo a descubrirse!

Autor: Hugo Hernán Aparicio Reyes

En la voz del poeta percibí molestia: están moviendo los restos de Vidales. Acabo de verlo a mi paso por la casa de la cultura. Buen tema para investigar. Si, compartí su pálpito; en ocasiones un instinto fino activa alarmas: tras un hecho en apariencia intrascendente, una historia para ser sabida y contada; razón de más si transcurre la última semana de una administración municipal en irresponsable despedida. Aquí el resultado de las pesquisas.

Es inminente la llegada de otra urna cineraria al panteón cultural de la Villa, área de ingreso a la casa de la cultura, donde aún no hallan reposo los despojos de Luis Vidales; en 1926 pulsó timbres despertadores en la poesía colombiana. ¿Serán acaso las cenizas de Humberto Jaramillo Ángel? Por desacato al acuerdo del concejo municipal la edificación no lleva su nombre; ¿de su hermano Rodolfo?, ¿de Bernardo Palacio o Nelson Osorio?, ¿quizá de un artista plástico, músico o gestor? Debió ser personaje cultural de primera línea si al mentado pero poco leído poeta y a su escudero Javier Huérfano los relegaron al extremo oculto del diminuto jardín cementerio. Las losas con sus nombres y algún verso quedaron de cara al muro donde solo prolijos visitantes podrán leerlas; una figura de bronce alusiva a la danza clásica sobre pedestal de mármol, ahora objeto de desvelo y alerta para los celadores del edificio, se ubicó en el centro del espacio como separador de estratos funerarios. No, ninguno de los anteriores.

Antes de satisfacer curiosidades, evoqué a saltos los destinos, fugaces unos, otros prolongados, de Luis Vidales Jaramillo en su sacudida existencia: nacimiento y primera infancia en Calarcá cordillerana “La aldea se llamaba Calarcá en la escritura del pecho del niño de tres años…”, el temprano traslado de la familia a Honda, sus estudios en Bogotá, Colegio del Rosario; en París, La Sorbona, Academia de Altos Estudios; diplomático en Génova, Italia; de nuevo el amado París.

Regreso a Bogotá, presencia frecuente en las tertulias del café Windsor, sede bohemia del Grupo de los Nuevos; celebrado por Luis Tejada con la exclamación título de esta columna; publicó Suenan Timbres con estruendo de cañón en la literatura continental, e integró el grupo fundador del Partido Comunista Colombiano, incendio del periódico Tierra, donde colaboraba; correrías de agitación y proselitismo por Boyacá, Tolima, Huila, Viejo Caldas; detenciones y cárcel en innumerables ocasiones, exilio familiar durante años en Chile, tras el Bogotazo. Retorno a Bogotá; dirigió la oficina de estadísticas nacionales (hoy Dane), viaje a Moscú para recibir el premio Lenin de la Paz; vejámenes y maltratos en la afrentosa visita a los calabozos del estatuto de seguridad Turbay-Camacho Leyva, cuando ya anciano solo representaba peligro para la estulticia uniformada. Tras su muerte, en 1990, legada a la inteligencia del mundo una obra poética de vigente vanguardia en nueve libros, el olvido, el desprecio por sus restos, finalmente custodiados y entregados a su municipio de nacimiento, a despecho de los descendientes, por Javier Huérfano.

Unos metros más allá, maestro por favor, córrase, ceda el sitio asignado para su descanso a la figura paradigmática de la cultura calarqueña, ante cuyo nombre el suyo palidece; campeona local de la política, blanco de balas anónimas hace ya 18 años; promotora del edificio construido y mantenido durante décadas con fondos públicos administrados bajo su personal tutela; cacica caciqueña de incontables logros y merecimientos, compensados mediante contratos y cuotas burocráticas para ella, para familia y amigos, por altos jerarcas de su partido; parlamentaria durante cuatro periodos, despojada de su investidura, justo por presidir —fintas éticas e irónicas—, la junta directiva de la fundación, propietaria entonces del inmueble donde tendrá final sosiego. A un lado, maestro. Política mata cultura.

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Por: maracuya - Enero 12 de 2012 .
nos hacemos los de la vista gorda

Por: maracuya - Enero 12 de 2012 .
que le duela el apellido garcía?... a quien no? quien sepa un poco de mi Calarcá sabrá en manos de que porquerías a estado. y memoria! memoria es lo que no tenemos!!!!! buen articulo

Por: NTC - Enero 12 de 2012 .
LUIS VIDALES, sus restos en Calarcá. Debate. Compilación de documentos y nuevos aportes de Carlos Vidales en: http://ntc- documentos.blogspot.com/2012_01_12_archive.html . NTC …* Nos Topamos Con … http://ntcblog.blogspot.com * , ntcgra@gmail.com . Cali, Colombia.

Por: NTC - Enero 12 de 2012 .
Trascribimos mensaje de CARLOS VIDALES, cuya copia recibimos,: ESTOCOLMO, Suecia, 12 de enero de 2012 04:17 asunto: Los restos de Luis Vidales CCO: ntcgra@gmail.com Estimado Hugo Hernán Aparicio Reyes, Le escribo para agradecerle su excelente artículo, publicado en la Revista santo&se;ña, sobre los restos de mi padre en la Casa de la Cultura de Calarcá y el desplazamiento que probablemente sufran para dar lugar a otros restos, tal vez más inmortales. Solamente quiero comentar que no es estrictamente cierto "el desprecio por sus restos, finalmente custodiados y entregados a su municipio de nacimiento, a despecho de los descendientes, por Javier Huérfano". Como usted seguramente sabe, vivo en el exilio, en Suecia, desde finales de 1980. Cuando mi padre murió, solamente mi hermano menor, Leonardo, vivía en Colombia y cuidaba de mi padre, pese a que la relación entre ellos era muy mala. Un mes antes de morir, mi padre me llamó por teléfono para despedirse pues, me dijo, sentía ya la muerte muy cerca. Me hizo prometerle que no viajaría a Colombia, ya que estaba convencido de que sería muy peligroso para mi seguridad. Hablamos durante una hora, o más, arreglando asuntos familiares. Le pregunté si tenía algún deseo sobre el destino de sus restos. Me respondió: "Si me quieren llevar a Calarcá, allá quiero estar. Si no, que me pongan al lado de la tumba de mi madre". En eso quedamos. Cuando mi hermano menor me llamó, meses después de la muerte de mi padre, para decirme que "los amigos de papá se quieren llevar los restos a Calarcá", le dije que yo estaba completamente de acuerdo porque el propio poeta me lo había expresado como su última voluntad. Le dije también que yo tenía plena confianza en que los amigos de Luis Vidales cumplirían este último deseo suyo con decoro y seriedad. Creo que así lo hicieron. Así pues, no fue "a despecho" de los descendientes del poeta que sus restos fueron trasladados a Calarcá, sino con nuestro pleno consentimiento y, en lo que a mí personalmente respecta, con mi sentimiento de inmensa gratitud hacia Javier Huérfano, la ciudad de Calarcá y los generosos amigos de mi padre que velan por su recuerdo y su memoria. Reciba mi saludo de cordial amistad. Carlos Vidales. Estocolmo, Suecia. http://losimportunos.wordpress.com/ http://luisvidales.blogspot.com/ http://hem.bredband.net/rivvid/

Por: huesoduro - Enero 11 de 2012 .
Deduzco que los restos de Vidales los sacaron para reemplazarlos por los de Lucelly García. Si esto era lo que tenía para decir, por qué no lo dijo directamente? Tan culto, pero tan autocensurado

Por: Santos trinidad - Enero 11 de 2012 .
Aparicio, qué bucólico texto cual distractor sofisma para una nube que maquilla al personaje de sus desdenes. Sea directo y diga que le duele el cartel de apellido García. La memoria no es monumento.

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