¿Qué pasa en nuestro paraíso?
Autor: Roberto Estefan Chehab. M.D.
Varias conversaciones con queridos quindianos motivaron esta columna. El egoísmo lleva al ser humano a pensar solamente en sí mismo. Es un confinamiento moral que causa grandes males. A veces nos preguntamos ¿Por qué el atasco de nuestra sociedad?, parecemos congelados en el tiempo ¿Será producto de una crisis mundial? ¿Será producto de la falta de oportunidades? ¿Será falta de recursos y apoyo local? ¿Serán secuelas de tantos ‘delincuentes de cuello blanco’? Podemos llenar esta página de interrogantes; todos excelentes comodines para intentar, sin éxito, explicar la mediocridad.
Armenia nos duele mucho. La vemos hermosa, cálida, afectuosa y sin embargo la percibimos estancada, con muy pocos elementos que muestren un real dinamismo, un compromiso, una planeación a futuro, un desarrollo armónico. Entre una y otra administración aparece la esperanza y luego retorna la desesperanza. Unas veces porque la codicia “hizo su agosto” y otras porque “la situación como se entregó al equipo siguiente de gobierno, hace muy difícil el cumplimiento de las mínimas metas”.
Siempre hay una razón para seguir así y por eso siempre nos quedamos cortos. Vivir en Armenia es muy agradable cuando se tiene la disposición de buscar tranquilidad en medio de un mundo convulsionado. No podemos comparar el bullicio y la impersonal experiencia de otras urbes; en ese sentido aún tenemos suerte. A pesar de eso, bien podríamos construir una ciudad próspera, con oportunidades de empleo, con control en sus vías públicas y más responsabilidad con la cultura. Bien podríamos asumir un mayor trabajo con la juventud, muy abandonada (no es sino revisar las estadísticas nacionales); bien podríamos gozar de mejores espacios para el sano esparcimiento, además del valor agregado que ello implica para la vocación turística de la región. ¿Qué pasó con la ciclovía? ¿Por qué las avenidas se están convirtiendo en carreras de obstáculos y caos? ¿Por qué las cadenas de hiperalmacenes no han podido entrar a nuestra ciudad y sólo quedamos a la merced de grandes titulares de prensa anunciándolos, durante años, sin que pase nada? ¿Por qué la percepción generalizada es de riesgo cuando se piensa iniciar algún nuevo negocio? Y… pasa. ¿Qué ocurre en el Quindío? Ahora, en campañas, retorna la fantasía, la venta de ilusiones; se llenan las calles de propaganda y las vallas se engalanan con fotografías de sonrientes personajes ¿Cuántos de ellos muestran, realmente, proyectos responsables para el Quindío? Al escuchar a muchos, invade al alma una sensación de vacío pues pareciera que son expertos en escarbar las humanas fallas de sus contendores y no saben nada más. Mucho de eso tiene una explicación contundente: el egoísmo y la codicia de algunos y la envidia de muchos. Mientras duela el éxito del vecino y cada quien desee enriquecerse solo, mientras persista la actitud servil de muchos enriqueciendo la arrogancia de otros y la comunicación siga destructiva y sesgada, las cosas seguirán así: congeladas. Para cambiar es necesario comprometerse y no sólo esperar.
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