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¿Una jornada de esperanza?

Autor: Alberto Arce Londoño

Después de un receso obligado por compromisos laborales, este servidor, al igual que el  hijo prodigo, personaje del evangelio de este domingo, regresa a casa, con el fin de retomar  su cita semanal. Coincide con un día de particular e indudable trascendencia para toda persona por la jornada electoral para escoger el “nuevo” parlamento colombiano.
Pero de acuerdo con lo visto en el desarrollo de la campaña, esa palabra “nuevo” es  relativa. Todo parece indicar que, no obstante los graves y duros cuestionamientos que ha debido afrontar en estos cuatro años un altísimo porcentaje de los miembros del Congreso por sus actuaciones irregulares, muchos de ellos hoy en la cárcel o aun afrontando procesos penales, la verdad  es que ellos continúan actuando, y hoy se  presentan nuevamente al electorado en la persona de familiares o amigos en una especie de testa ferrato político que nos lleva a pensar en otros cuatro años de situación similar o peor.

Es una lástima que aun nuestro elector no cuente con la formación política debida para hacer frente a este hecho y que el mercadeo de votos ya este asumiendo prácticamente un rol de bolsa de valores, donde las acciones suben y bajan de acuerdo con el juego de la oferta y la demanda. ¡Qué tristeza¡. Los resultados: Los de siempre: La corrupción que cada vez genera mas violencia, miseria, hambre, para el mayor enriquecimiento de unos pocos.  Quizás lo dicho, sea una repetición de lo que ya todos sabemos, infortunadamente sin que algo podamos hacer para hallar alguna salida.

El discurso siempre es el mismo y al final las cosas siguen de mal en peor: Una justicia que no camina, pues los delincuentes tienen más garantías que los inocentes. Un sistema de salud corrupto al cual solo le interesa mantener sus arcas llenas, por encima de la vida del paciente, pues este primero debe comprobar sus derechos y afiliación, así llegue moribundo a un servicio de urgencias. Un sistema de seguridad urbana, donde los matones de las pandillas extorsionan a los mas débiles obligándolos a entregarles parte de lo que logran conseguir del rebusque en un agotador día de trabajo. Un Estado que les birla las prestaciones sociales a sus colaboradores con irrisorios honorarios de los cuales debe cubrir su salud y pagarle el impuesto de retención en la fuente.

En resumen, por mucho que lo pregonen los candidatos, de este jornada poco podemos esperar para los cuatro años siguientes: Lo único, conservar la esperanza de que no sea así y que de pronto, obrándose un milagro,  finalmente  logren llegar siquiera algunos de los verdaderamente honestos, porque también se presentan personas buenas, infortunadamente las que deben adelantar una campaña “con las uñas” porque no tienen acceso a las gabelas de los corruptos. Identificarlos y apoyarlos: Ese es el reto. Hasta esta tarde a las cuatro p.m., hay tiempo de hacerlo. Que Dios nos ilumine.

Por lo pronto, la mejor elección que podemos hacer todos, es el retorno a la casa del Padre, como verdaderos hijos pródigos, donde sabemos que también podemos ser recibidos con todos los honores, con la seguridad del perdón y con la alegría de pertenecer la familia donde sólo se respira amor, paz, tolerancia, respeto y comprensión.


alarce_3@hotmail.com




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