Sabado, 20 Jul,2019
Opinión / MAY 15 2019

Aborto

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Mucho se discute y hasta ahora nadie ha podido probar nada distinto a que el momento de la concepción es vida ¿qué otra cosa puede ser? Y ¿quién puede dar vida? Se pueden ‘fecundar’ las células pero no como una maniobra truculenta o mágica por parte del ser humano.

De todas maneras hay un instante que podríamos llamar ‘divino’, sublime, sobrenatural en el que esa fusión o unión complementaria empieza a caminar por un proceso en el cual nunca nada ha tenido que ver el hombre. Es lo que de manera tranquila y humilde, los más grandes han llamado sencillamente ‘soplo’ divino o sea, la mano de Dios. Y ya es hora, después de tantos siglos, que algunas personas entiendan que por más ciencia, por más honores y premios por sus grandes e interesantes estudios e investigaciones intentando llegar al nivel de esa energía superior que generalmente llamamos Dios, no ha sido y creo que no será posible traspasar ese límite. Es de libre albedrío creer o no creer en Él, pero no depende de esa libertad la realidad de su existencia Él simplemente es. Alguien puede creer que su hijo es el más inteligente del mundo, sin embargo esa personal convicción tan individual no se constituye en un principio. La energía maravillosa de vida que es inherente a Dios, se demuestra por sí misma y no aguanta negaciones, así como el derecho a quitar o dar vida jamás será patrimonio de los seres humanos. Ese soplo solo es de Dios. Nadie ha podido mostrar lo contrario, así sea que lo grite a los cuatro vientos. Nunca hemos visto o sabido de alguien que dé vida.

En nuestra especie hay mentes brillantes, al igual que en especies inferiores hay fenómenos instintivos e incluso evolutivos asombrosos, que determinan organizaciones sociales muy interesantes y comportamientos que no cesan de inquietarnos: razón de más para maravillarse con la omnipotencia de una energía superior que muchos llamamos Dios y otros que no creen, lo nieguen: de todas maneras se quedan sin respuesta, pero esa es otra discusión en la que siempre se llegará al límite de la incertidumbre y no se avanzará mas. La vida, en su esencial soplo, solo es de Dios, y a Dios se llega por la vía de la humildad y el espíritu.

Discutir acerca de la legalidad del aborto es cuestión semántica; siempre se tratará de un acto ilegal. Es interrumpir un proceso de vida y eso se llama matar a un semejante indefenso. Ahora bien, entendida esa responsabilidad moral, sabemos qué habrá muchos argumentos para intentar ‘justificarlo’ ante circunstancias muy precisas, pero siempre partiendo de la honesta aceptación de estar cometiendo un crimen. Igual a la condena a muerte a ciertos criminales, es un asesinato, aunque de cierta forma ‘justificado’. La diferencia es que el nuevo ser ni siquiera ha dañado a nadie y aún así, desgraciadamente, le roban su tiempo y su derecho. Nadie está empoderado para ir tan lejos impunemente.

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