Esperar más sería tan grave como someterlo al deslizamiento de las esperanzas y no hacer nada para lograr encaminar la sociedad hacia el bien común. Entre otras cosas, porque no hay que olvidar que, a pesar de los desajustes del aparato estatal en el país, y a que la descomposición que se refleja en unos departamentos más que en otros le apunta todos los días a la ruina de la economía, de la moral y los buenos principios, el Estado sigue siendo el medio más eficaz para el perfeccionamiento moral de los hombres.
El cuatrienio administrativo del Quindío no tiene claridad hasta el momento, todavía no se han dado muestras importantes desde el gobierno departamental sobre las perspectivas de una administración fundada y sostenida en la dignidad pública. El primer mes ha mantenido el mismo ritmo populista de la campaña electoral que llevó a Sandra Paola Hurtado a ser la gobernadora del departamento en una época que va camino de los primeros cincuenta años de historia político administrativa y mientras no se dé un giro serio hacia la prosperidad en todos los frentes de la vida regional, no podrá verse con claridad el panorama.
El departamento es un ente quieto y con una inmovilidad peligrosa que data de más de una década y sin que nada conduzca a dinamizarlo, mucho menos las débiles acciones de la administración que está comenzando. Ahora bien, la ventaja que tiene el gobierno territorial es que el periodo apenas está saliendo a hacer su recorrido de 48 meses y por lo tanto alcanza a dar un viraje e iniciar apoyado en los instrumentos de la cultura, el perfeccionamiento del aparato administrativo. Eso sí, despejando dudas, demostrando que el camino no es el que se traza en las tertulias de todas las mesas, en los sectores económicos, políticos y sociales.
El gobierno está en el deber de inculcar valores y por ejemplo, a la juventud, decepcionada hoy con razón, educarla para el bien hasta que consigamos reconvertirnos en seres moralmente aptos para el ejercicio del civismo de tal manera que más temprano que tarde retorne al Quindío la bondad, la generosidad, la solidaridad, la amabilidad, la caballerosidad, la piedad y la bonhomía, conductas y acciones ejemplares que dejaron de verse y que no se podrán recuperar, si las condiciones socio-políticas del departamento siguen como en el comienzo mismo de la administración.
Como han venido las cosas en estas primeras semanas el gobierno no está logrando convencer, empero puede llegar a demostrar una ruta distinta, si se lo propone. Tiene que desatarse, quitarse las esposas que someten y ahí sí, sin ataduras de ninguna naturaleza, dar los primeros pasos.
El gobierno no tiene soltura y de mantenerse con ese freno, el tiempo que no perdona escribirá el balance y no será, con seguridad bueno, ni para los actores políticos, ni para la administración y obviamente será desastroso para la comunidad quindiana en general.
Hay que salir al rescate del Quindío desde la familia porque los cuadros que se conocen y los hechos que se repiten todos los días son alarmantes. Aquí sí, los deberes nos llaman, a todos, absolutamente a todos, porque la obligación de proteger la unidad familiar de acuerdo con criterios morales, es competencia de los quindianos, de cada familia en cada hogar.
De la familia se ha dicho que por ser el núcleo de la sociedad se constituye en garantía de permanencia y estabilidad. Pues esta forma modernista con tendencia a destruir el núcleo de la familia hay que pararla entre todos, pero el gobierno tiene que actuar como producto de la democracia, dando ejemplo y promoviéndolo.
En Colombia todavía queda algo y en el Quindío por el gran legado de su pasado, hay como trabajar por su bien. En cualquier caso, la dignidad, el decoro moral y el buen ejemplo, tienen que contar; hay que salir ya al rescate del Quindío.