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Algo sobre la Torre de Babel

Autor: Roberto Estefan Chehab. M.D.

Son inagotables las formas soportadas en la acción de comunicarnos y las consecuencias que ello implica; aunque pareciera ser una atribución normal y automática de los seres vivos, cobra particular importancia en la especie humana por las diversas características que son maleables de acuerdo a infinitas circunstancias, intereses, intenciones empezando por la determinante injerencia de la personalidad e intimidad de cada ser.

Comunicarse es una competencia que debería ser trabajada desde los primeros años de vida; sin embargo y curiosamente es muy descuidada. Frecuentemente los jóvenes salen del ciclo de educación media con serias dificultades en la comprensión de lectura, las habilidades para expresarse adecuadamente y el ejercicio de analizar y construir criterio objetivo: “tragan entero” ¡cuántos problemas se generan entre las personas por deslices en la forma de decir, trasmitir o entender! pues comunicar no es emitir sonidos coherentes y articulados a un idioma: el proceso supone intercambiar ideas, conceptos, emociones en un complejo ciclo y un arduo contexto. Un abrazo alcanza más que una palabra, el silencio puede expresar más que un discurso; un sí, dependiendo de la emoción que lo acompaña, significa un no; sonreír, en un momento inadecuado, puede transmitir un mensaje agresivo o una simple mirada da un silencioso pero contundente recado.

Las empresas serias, hace mucho descubrieron que sus procesos son más productivos y exitosos si la comunicación fluye de manera sana, ordenada y alineada con sus valores institucionales e invierten millones de pesos en facilitar a sus empleados sobre esos temas. Se cree hablar el “mismo idioma” y en realidad, ocurre lo contrario. Los aspectos éticos no siempre están inmersos adecuadamente y, en ese sentido, se usan habilidades para confundir y manipular en vez de construir y hacer el bien. Los dobles mensajes son un problema que inevitablemente acarrea secuelas: un niño, por ejemplo, escucha el consejo de sus padres, mientras percibe que hacen lo contrario a lo que indican; un sacerdote cuando predica y no aplica, un líder arengando con su decoroso discurso que persigue la consolidación de un poder solo interesante para él.

En miles de documentos, una coma o un punto cambian el sentido de una frase; qué decir de esos contratos en los que la letra pequeña desvirtúa lo que aparece más vistoso o un sonoro comercial invitando a la fantasía cuando, al final se escucha una voz casi imperceptible que a gran velocidad, indica que no todo lo que se ofrece es así. La música, el arte, la literatura, los noticieros, los periódicos, están frecuentemente enmarcados y orientados hacia elementos subjetivos cuyo objetivo es dirigir, hábilmente a un interés, a veces, sesgado y engañoso. Expresar, escuchar, interactuar, analizar, respetar se engloban en un constructo que determina esa destreza, merecedora de la mayor atención en la educación de los individuos, pues ahí se establece la calidad, el grado de confiabilidad y la seriedad de las relaciones entre las personas.


restefan@gmail.com


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