Jueves, 19 Abr,2018

Editorial / ABR 17 2017

Armenia, ciudad violenta

No podemos tapar el sol con un dedo, ni ponernos una venda en los ojos, ni desconocer un informe al que muchas ciudades le prestan gran atención.


Es realmente muy preocupante que Armenia esté en la lista de las 50 ciudades latinoamericanas más violentas, y en la clasificación existan solo cuatro de Colombia: además de Armenia, Cali, Palmira y Cúcuta. 

La medición se hace por el número de homicidios entre 100.000 habitantes al año, y en el caso de Armenia, esa tasa es de 38,54 personas que mueren violentamente entre 100.000. En la lista, la capital del Quindío aparece en el lugar 44, repetimos, entre 50 ciudades, en un estudio hecho por la ONG mexicana Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública.

Esta no es una percepción de inseguridad, sino una medición con cifras entregadas por los organismos estatales, y de acuerdo con el número de habitantes de cada 
ciudad, en el caso de Colombia, ofrecido como dato por el Dane.

Esto merece varios comentarios.  Primero: Armenia se toma como un área metropolitana en la que se incluye el municipio de Calarcá. Realmente el número de homicidios anuales en Armenia, en la última vigencia, fue de 115, mientras que en Calarcá se subió a 35, es decir, le pusieron a la capital del Quindío 150 muertos en el 2015, cuando eso no es cierto. Si la medición dejara sola a Armenia, la tasa bajaría del 38,54 a 29,54 muertos por cada 100.000 habitantes.

Segundo, tomaron el dato de habitantes del Dane, censo actualizado al 2005,  con una proyección al 2015, que deja a las dos poblaciones unidas con 376.185 personas. Este tipo de información no es lo suficientemente confiable, lo que desvirtúa mucho la medición. En este sentido, y teniendo en cuenta el cálculo que hacemos arriba, la ciudad no debería de estar en el escalafón de las 50 más violentas.

Ahora bien, esta ubicación en el puesto 44 coincide con la percepción de inseguridad, que fue muy alta en la primera medición que hizo lo encuesta ‘Armenia cómo vamos’, donde este rubro resulta ser el más preocupante, pues la gente en la capital quindiana se siente insegura.

Sin embargo, no es lógica la tabla presentada por la entidad mexicana con las cifras de muertes y amenazas a líderes sociales y defensores de derechos humanos entregada por la Defensoría del Pueblo, donde el departamento del Quindío, y por supuesto Armenia, no aparecen con personas con este tipo de problemas. 

Las revelaciones de esta ONG mexicana no dejan de ser preocupantes para nuestra ciudad, a pesar de que esta organización ha recibido críticas por la falta de una metodología clara y errores que se han hecho evidentes en el procesamiento de los datos, según expertos.

Hay que sentarse a mirar los detalles de las cifras, pedir la metodología y el procesamiento de datos en general, para estudiar el fenómeno, y no dejarlo ahí, al garete, al desgaire, sin que nos importe, o, peor, contentarnos con la versión de que esa ONG mexicana que hizo el estudio no es seria.

Todos los días leemos en nuestros periódicos sobre homicidios en los municipios del área metropolitana natural del Quindío: Armenia, Calarcá, La Tebaida, Montenegro, Quimbaya y Circasia, que se producen, en su mayoría, por una causa común: el tráfico ilegal de drogas, tanto en nuestras urbes, como en la exportación por parte de delincuentes de este alucinógeno. Eso lo han reconocido los alcaldes y el propio gobernador. Ahí está gran parte de la violencia de la que nos habla el informe de los mexicanos.

Debemos considerar las fallas de la medición de este estudio, sí, y mucho más cuando hablan de Armenia, pero incluyen el municipio de Calarcá. Pero no podemos tapar el sol con un dedo, ni ponernos una venda en los ojos con el prurito de que a esto no hay que hacerle mucho caso ni mucho escándalo porque se nos daña el paraíso donde vivimos y con el que explotamos el turismo de paisaje. No señores, hay que tomarlo en serio y analizarlo con rigor.

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