Miércoles, 19 Dic,2018

Opinión / DIC 06 2018

Así matamos al patrón

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Escrito en Miami donde está preso, extraditado por Uribe, en el libro Así matamos al patrón, Diego Fernando Murillo Bejarano alias don Berna, destapa cómo cazó a Pablo Escobar sobre un tejado medellinense hace 25 años, en 1993.

Murillo desertó del Epl en 1984, llega a Itagüí, consigue trabajo lavándole el carro a Fernando Galeano Berrío, socio de Pablo; pronto le confía su seguridad y pide averiguar quién asaltó su oficina de cambios; descubrió que fueron sus antiguos camaradas, a los que acribilló cuando salían de liceos y fábricas, pero lo dejaron mocho de un rafagazo.

Con Fidel y Carlos Castaño armó la banda ‘Los Pepes’ a fin de acribillar a Escobar que por iliquidez los estaba tiroteando a fin de robarlos sin importar que fueran amigos. La recomendación de Gilberto Rodríguez 0rejuela de Cali, sirvió para que el oficial Danilo González Gil, lo relacionara con el coronel Hugo Martínez Poveda y los mayores Óscar Naranjo, Luis Alberto Moore, Mauricio Santoyo, del Bloque de Búsqueda encargado de capturar o despachar al narco.

Imposible localizarlo pues no telefoneaba por temor a una chuzada, entonces con mentiras y ayuda alemana trasladaron su familia a Bogotá; ahí erró al llamar a su hijo. Con un equipo de radiometría gringo triangularon la comunicación, lo ubican, a mazazos tumban la puerta, salta al techo vecino; Rodolfo, hermano de don Berna, dispara un fusil de asalto M 16 calibre 5.56. La descripción de ese final es hollywoodesco: su cuerpo derrumbándose sobre las tejas y los policías pidiéndole a don Berna retirar sus bandidos porque ya llegan los periodistas. 

El presidente, 39 horas después —con chaleco antibalas— enfiestado aterriza, y en la IV Brigada condecora a los oficiales que “le vendieron el alma al diablo uniéndose a delincuentes para que Gaviria saliera del ridículo”, según Carlos Lemos (pág. 14). 

Ningún texto sobre Pablo tan macabro. Virginia Vallejo, su amante redactó mientras tiraban, Alonso Salazar conceptuó como sociólogo, su hijo Juan Pablo imaginó un suicidio; Astrid Legarda, Popeye y el mayor Hugo Aguilar mienten porque cuando este llegó con el bloque ya estaba muerto, le hurtó la pistola; Naranjo afirma sin pruebas que lo liquidó el agente Sangreyuca. 

La versión de don Berna es real, brota del barro teñida de sangre, por eso es única, estremecedora, brutal. 

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