El triunfo del partido de la U y del partido Conservador en las elecciones parlamentarias refleja un reconocimiento del electorado al apoyo de estos partidos al gobierno del presidente Uribe, pero también la necesidad de asegurar una fuerza mayoritaria en el Congreso que dé continuidad a la política de seguridad democrática. En un trazo más largo, se trata de una auténtica derechización del país.
El partido Liberal sobrevivió gracias a sus maquinarias regionales, como pudo verse en el Quindío, y a pesar de llevar ya casi doce años fuera del poder, conservó una fuerza parlamentaria importante. Cuando todos esperaban una debacle, el partido de Azuero demostró que con Pardo y Gaviria está para dar la pelea en las presidenciales si logra conquistar el centro del espectro ideológico.
Muchos dan por gran derrotado a Vargas Lleras, pero su pérdida es relativa. En las elecciones pasadas obtuvo 13 senadores, tres de los cuales se fueron para la U. Con los 8 actuales tiene una pérdida neta de 2, pero esos son los incondicionales, los que acatan las directrices del jefe del partido. Ahora ya sabe con quien puede contar y con quien no. Su verdadera pérdida está en Bogotá, porque eso le resta posibilidades de cara a las presidenciales.
El Polo también tuvo una pérdida relativa. Si bien redujo su representación parlamentaria, otra forma de ver las cosas indica que se consolidó como una fuerza de oposición que resistió todas las andanadas del gobierno y de los medios uribistas, prescindió de algunos de los parlamentarios relacionados con prácticas clientelistas, y depuró sus liderazgos con el voto de opinión, algo que puede poner a Petro en una buena posición en el partidor de las presidenciales. El voto a Robledo y a Navas Talero fue un justo reconocimiento a una gestión parlamentaria admirable.
Mockus y el partido Verde son los grandes ganadores de la jornada electoral, no sólo por haber logrado una importante representación parlamentaria con tan sólo cuatro meses de haber creado el partido, sino por haberse constituido en la fuerza política que tiene la mayor posibilidad de conquistar el voto de opinión, y ser un duro competidor del uribismo en las presidenciales. De los candidatos actuales, Mockus es el único con posibilidades de crecer y de convertirse en una carta ganadora. Sergio Fajardo es el gran perdedor de la jornada electoral, gracias a su liviandad y a la imagen de sobradez intelectual que transmite.
La mala noticia de las elecciones fue el éxito del PIN, un partido que como ningún otro – porque otros también lo hicieron- recogió los herederos de la parapolítica, y permitió que recursos de dudosa procedencia estuvieran en la base de su fortaleza. Con el PIN, la democracia partidista colombiana se pone en entredicho, con la gravedad de que un partido de esa condición se puede convertir en el árbitro de las próximas elecciones presidenciales.
Pero lo peor de todo fue el colapso del sistema electoral colombiano, el cual impide la manifestación genuina del ciudadano en las urnas y, por lo tanto, falsea la democracia. No sólo por las indescifrables tarjetas electorales que confunden al ciudadano en un país de escasa cultura política, sino por el lamentable papel desempeñado por la Registraduría y los jurados de votación que enviaron una señal de improvisación y de incapacidad que dejan una sombra de duda sobre los resultados y sobre las posibilidades de realizar unas elecciones limpias de cara a las presidenciales. En este tema, retrocedimos veinte años, y una democracia siempre en entredicho como la colombiana no puede darse ese lujo.
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