Editorial / Agosto 06 de 2013 / Comentarios

Barras bravas:problema psicosocial adolescente

El problema no es sobre el espectáculo del mercado que se ha montado en el fútbol, sino del ámbito social donde crecen los muchachos.

Los desmanes de las barras del Deportes Quindío corresponden a un problema psicosocial que debe recibir muchísima más atención a la que le están prestando las autoridades. Tres días antes del partido Quindío-Cúcuta, estos muchachos habían asistido al entierro de uno de sus compañeros, muerto en un accidente después del partido Pasto-Quindío en el departamento de Nariño.

En ese entierro se evidenció un comportamiento tan irregular, tan extraño, tan salido de lo normal, que quienes vieron el desfile y supieron de las acciones que emprendieron en el estadio y el propio cementerio, tuvieron la sensación de que algo mucho más allá del fútbol hay detrás de estas barras, sobre todo las que están compuestas por niños, adolescentes y jóvenes.
Una de las cosas que se vieron en este sepelio fueron los escándalos protagonizados en la sala de velación, luego en el acompañamiento al cortejo fúnebre, donde los muchachos con banderas y camisetas viajaron en el techo del bus, lo que generó un gran riesgo para sus vidas. ¿Cómo permitió la Policía este desfile en semejantes circunstancias? La fuerza pública los escoltó, asintiendo la irregularidad de tránsito y el peligro que representaba.

Y la tercera cosa que sucedió en este desfile fúnebre es que a la altura de Tres Esquinas, estos muchachos desviaron el carruaje, que iba para Jardines de Armenia, para el estadio Centenario. Cuando llegaron allí trataron de abrir la puerta de la tribuna norte, para entrar y rendirle allí un homenaje a Juan José Sabogal Palacio, como se llamaba el joven muerto.

Luego, en el cementerio, se vivieron momentos de mucha tensión: cantos, gritos, banderas, groserías, licor, drogas, etc. Repetimos, este comportamiento social y psíquico no es normal en nuestro medio. Lo que vimos es un subconsciente juvenil sin control. Sin duda, aquí hay una forma de actuar que está amparada en una historia individual violenta en la primera infancia, en un ámbito familiar que denota sufrimientos y graves falencias.

Estos niños, adolescentes y jóvenes tienen una enorme necesidad de mostrarse, de sentirse importantes, de ser incluidos en la sociedad, por eso desfogan su pasión por el fútbol y sus ansias en hechos violentos, irregulares, rebeldes, para poder ser vistos. Y es por ese lado por donde deben trabajar las autoridades, no solo de Policía, sino las instancias sociales de la alcaldía y la gobernación.

El problema no es sobre del espectáculo mercado que se ha montado en el fútbol, sino del ámbito social donde crecen los muchachos. ¿Cuántos muchachos de estratos sociales 4,5,6 participan de estos grupos? Creemos que ninguno.

Hay aquí, más que un problema deportivo, un problema social. Y frente a todo este conflicto, que el domingo quedó mucho más evidenciado, el equipo Deportes Quindío deja de importar, para que nos pongamos a pensar y a trabajar por la gente, por los niños, por los adolescentes que se están haciendo matar, supuestamente por una pasión futbolera, pero en el fondo es sólo por saberse incluidos, tenidos en cuenta en la sociedad.

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