Lunes, 15 Oct,2018

Opinión / OCT 11 2018

Brasil: entre el horror y el espanto

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Tras el resultado de la primera vuelta los brasileños esperan la segunda el próximo 28 de octubre sumidos en un dilema para muchos irresoluble. ¿A quién votar?

¿A Jair Messias Bolsonaro, el candidato de la extrema derecha partidario de la dictadura militar y de las torturas, homófobo, xenófobo, machista y dispuesto a aplicar la mano dura para resolver los problemas de inseguridad? ¿O a Ricardo Haddad, el sucesor de Lula y candidato del Partido de los Trabajadores, PT, el partido responsable de la corrupción del Mensalão y del Lava Jato, del caos económico en que quedó sumido Brasil después del gobierno de Dilma Rousseff, y el defensor de Nicolás Maduro?

La respuesta a este interrogante no es sencilla. Si uno de los candidatos remite al horror el otro convoca al espanto. Y da igual el orden en que se los tome, son intercambiables. No en vano los dos políticos más votados son los que mayor rechazo generan. Esto se explica por el alto grado de polarización alcanzado en los últimos años por la política brasileña.

Los principales partidos acabaron implicados en la corrupción. Esto, junto al apoyo de casi todos al fracasado Michel Temer ahondaron aún más la desconfianza con las instituciones democráticas. De ahí que Sérgio Fausto, muy próximo al expresidente Fernando Henrique Cardoso, calificara de error el juicio político contra Rousseff. Este dio lugar a una política victimista y revanchista de Lula y sus principales seguidores, una de las causas que condujo a la situación actual.

Finalizado el escrutinio, Bolsonaro obtuvo el 46,03 % de los votos mientras Haddad conquistó el 29,28 %. Salvo Ciro Gomes, con el 12,5 %, los restantes candidatos no pasaron del 5 %, en el mejor de los casos.

El resultado electoral está provocando una reconfiguración total de la política brasileña, no solo a nivel federal sino también estadual, aunque para ver el cuadro completo habrá que esperar a la segunda vuelta, cuando se definirán algo más de la mitad de las 27 gobernaciones en juego, incluida Brasilia.

Debido a la onda expansiva de la elección numerosos representantes de la vieja política han sido barridos del mapa al no haber sido electos a los cargos que aspiraban. Esto ocurrió con Dilma Rousseff que no fue elegida senadora, aunque no es el único caso.

Los partidos tradicionales también han sufrido lo suyo y deberán hacer un serio esfuerzo de regeneración si quieren sobrevivir. En este contexto es interesante ver el movimiento de muchos políticos apoyando a Bolsonaro con el ánimo de subirse a la ola triunfante y preservar sus posiciones.

Pese al tsunami bolsonarista que barrió la política tradicional brasileña, impera la fragmentación.


Carlos Malamud
Columnista invitado

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