Jueves, 23 May,2019
Opinión / FEB 23 2019

Briznas que señalan

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Por las montañas, todos los extremos comienzan en el mismo punto. Pero este, cuando es delicada espiga de yerba, tiene incalculables direcciones. Si encuentras la tuya por los costados del sendero, no solo equilibras tus emociones con tu religiosidad, sino que te encaminas por el atajo adecuado para la autoiniciación chamánica. Un sueño lúcido y un poema, Chamanos, producto de tal ensoñación, me llevaron a un encuentro con Black Elk, en el bosque de robles del santuario de Peñas Blancas, en Calarcá. Aquí encontré el componente místico que faltaba, del cual tuve indicaciones precisas.

 Un rostro en un árbol. Mirándome directo junto a la piedra igual de verde y maciza que en el sueño. Javier y Luz Estela, propietarios del Ecoparque, se inquietaron cuando al atardecer me dirigí solo hacia el frondoso sitio acolchado por millares de hojas secas. La benévola Estela, me sugirió llevar linterna para mi regreso. Allí percibí la razón del poema. Todas las espigas de yerba que encuentro en mi camino, señalan hacia arriba. Gruesas o delgadas, de cualquier color, a veces con ligeros perfumes, son señales naturales de tránsito hacia trasluces del aire que, si las observas, viajas seguro hacia regiones poco usuales de la poesía y la espiritualidad. Si por prisa o apatía las ignoras, te pierdes ámbitos del paisaje que, de otras maneras, no se te revelan. He visto hebras vegetales señalándome un imperceptible petirrojo sobre la rama del cedro. He recibido bendiciones de traslúcidos hilos de yerba, mostrándome signos y gestos con que el paisaje enuncia su unidad con el hombre. Solo miro hacia donde señalan y nada más. Una espiga de yerba cuyo nombre ignoro, me dio la correcta dirección para descubrir el árbol donde me esperaba el rostro visto en el sueño. Hay variedades de aves y mariposas, de espíritus de la tierra, del agua y del aire, que no se dejan ver, sino es mediante la indicación proporcionada por algún filamento de yerba, revelando el sitio donde aquellas construyen sus nidos y estos habitan su espacio. Un delgadísimo estambre, estremecido por el roce de una libélula, me indicó las horas de luz o sombra cuando debo observar determinadas flores para desentrañar lenguajes de sus perfumes y colores. Lengua de la unidad en la pluralidad. ¿Y si afirmo que por estos senderos hay flexibles espigas señalando espíritus de la naturaleza perceptibles con cualquiera de los cinco sentidos? Mejor para todos, no creerme. Cualquier duda es permisible cuando se hace la biografía de una brizna de yerba. Bienvenidos los vocabularios de la embriaguez con el paisaje y de la teología chamánica, porque la naturaleza es mi religión y las montañas son mis templos.


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