Sabado, 21 Jul,2018

Opinión / DIC 08 2017

Ciudad y no ciudad

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"Aún estamos a tiempo de frenar la desenfrenada carrera de Armenia para convertirse en no ciudad"

De acuerdo con autores como Henri Lefebvre, David Harvey, Edward Soja o Manuel Delgado Ruiz, el surgimiento de la ciudad posmoderna en el marco de la transición hacia el modo de acumulación postfordista se presenta acompañado por un debilitamiento del tejido social y de la esfera pública y cívica. Allí radica la causa de la metamorfosis de la ciudad occidental (De ciudad a no ciudad) especialmente acelerada desde los años setenta del siglo pasado. 

Henry Lefebvre, autor de El derecho a la ciudad distingue entre la ciudad y lo urbano de la siguiente manera: “Mientras la ciudad es un sitio, lo urbano es una forma radical mezcla de espacio social, escenario y producto de lo colectivo conformándose como un territorio desterritorializado en que no hay objetos sino relaciones diagramáticas entre objetos, bucles, nexos sometidos a un estado de excitación permanente...”.

Manuel Delgado Ruiz afirma: “Lo que nihiliza o anodada la ciudad como morfología estable, como organización social estructurada o como orden político basado en instituciones, es una variante del no-ser platónico, que Platón identificaba con el héteron, esto es, esas todas las demás cosas, la suma amorfa de todas las posibilidades, de todos los anhelos, de todas las ausencias... El arquitecto se empeña en ver el espacio urbano como un texto, cuando ahí solo hay textura... La apuesta del urbanista es la de organizar la quimera política de una ciudad orgánica... a favor de la polis a la que sirve y en contra de la urbs, a la que teme... Lo que nihiliza la ciudad como morfología estable es una variante del no-ser platónico, que es la suma amorfa de todas las posibilidades, de todos los anhelos y de todas las ausencias”

Finalmente, Jordi Borja escribía sobre la no ciudad: “Es el resultado de un vacío de Estado, de una visión irresponsable de la nación por parte de las dirigencias políticas y económicas, de una gestión catastrófica de las políticas públicas y del afán acumulador a cualquier coste de políticos y empresarios, de multinacionales leoninas y de especuladores de todo. No hay conciencia ni interés ni  comprensión de la función humanizadora de la ciudad y de la necesidad de estructurar el territorio”. 

Aún estamos a tiempo de frenar la desenfrenada carrera de Armenia para convertirse en no ciudad. Ojalá reaccionemos pronto.

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