Opinión / Septiembre 13 de 2017 / Comentarios

Comunión espiritual hermosa

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Roberto Estefan Chehab. M.D.

"Un Dios que en definitiva es el mismo, el único."


Muy gratificado por el mensaje, lleno de sabiduría, prolijo en elementos para la reflexión y la guía personal, además de social, que bien merece la dedicación y el honesto escrutinio por parte de cada persona. Pocas veces, a través de un guía, se alimenta tanto al espíritu y se vibra desde los cimientos. El Papa Francisco, en su condición de persona comprometida con el liderazgo de su iglesia, trascendió todas las fronteras de esos espacios inventados por los hombres y tocó los corazones de las personas con o sin identidad religiosa; pertenecientes o no a cualquier credo, a cualquier congregación, a cualquier comunidad dedicada al culto de un Dios, así sea que la orientación no siempre esté completamente alineada a un ejercicio religioso con nombre propio, un Dios que en definitiva es el mismo, el único.

Y para los que no creen en Dios, también, en sus corazones se movió la fibra del amor y la responsabilidad, para eso no hay que declarase ateo o creyente: bien lo decía el papa: hay muy buenos ateos y muy malos creyentes y es mucho el dolor que se ha causado de parte de los hombres usando el nombre de Dios; en ese concepto descansa una verdad absoluta: la bondad o la maldad en las personas no son asunto de Dios. Con frecuencia, me encuentro con prójimos que me regañan más o menos en estos términos: “increíble que todo un académico  como usted, hable así, o crea e  Dios”… y bla, bla, bla… independientemente de la academia, de la experiencia o erudición inmerecida que muchos me señalan, esta mi concepto y mi creencia en Dios que me honra y me da felicidad, en ese contexto me muevo, obviamente respetando profundamente a quienes no piensen así: es normal la divergencia. Lo que no comparto es la agresión y la grosería cuando no se piensa igual.

El papa Francisco no dijo nada que no fuese sabio: condenó la corrupción, el narcotráfico, el egoísmo, el amor al señor dinero como artífice de la corrupción; el maltrato infantil. Centró a los pastores,  los sacerdotes en su oficio de servicio y no de “cara de estampitas”, reafirmó la universalidad de la iglesia, no como una aduana o  un retén y más bien lo contrario, como un espacio incluyente y amoroso que rescata al hijo prodigo. Hablo de paz, de perdón de esperanza, de compromiso, abrazó al dolor y las secuelas de la barbarie y les trasmitió el amor y la ilusión de un mañana con alegría: azuzo a los jóvenes para que promuevan el cambio. Solo cosas buenas y solo energía hermosa. Gracias Papá Francisco.

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