Miércoles, 19 Dic,2018

Opinión / DIC 06 2018

Contienda de vientos

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Tras la mácula de antiguas pugnas y enfrentamientos bipartidistas despunta Bajo el cielo sucio (2018), reciente novela del escritor calarqueño José Nodier Solórzano Castaño, quien incorpora a este firmamento sórdido la trágica convulsión de tierras cuyabras en el indeleble sismo del 99 y los excesos de pasión y engaño de la estirpe Solórzano; incidentes que testimonia Albania, la niña de los desvaríos, infortunada aprendiz de los intríngulis del amor y el encono hilvanados a su vera.

A esta conjunción de adversidades se añade entre estertores y vómitos la partida definitiva del patriarca de la familia. Leopoldo Solórzano, refugiado en terreno capitalino, evoca el desfile reiterado de unos pájaros verdes en formación, del rumor de sus alas extendidas por la vereda La Bella, mientras sopesa el deceso de su abuelo sin conturbarlo; indolente espectador de la muerte solo atesora resentimientos y reproches para esa existencia colmada de claroscuros. Pese a esta aversión, Leopoldo, hombre de mediana edad, eventual huésped de sanatorios, elige el retorno y las póstumas despedidas con visible aprensión; sospecha que aún persigan su rastro criminal, aunque la única presencia que lo hostigue sea el vívido despliegue de vientos cruzados que se escenifica en su mente; batalla de vientos enardecida por los recuerdos que arriban como bandadas de pájaros, removiendo un pasado soterrado en las grietas de su memoria, pugna entre deseos insatisfechos y realidades placenteras.

Recuerdos vinculados a Albania, a su búsqueda empecinada entre edificios y viviendas colapsadas; evocación de su encuentro tras el sismo con la inminente huérfana —causante del deseo emergido en sus entrañas—, de su deseo consumado con una Albania extraviada en los surcos de la inconsciencia, remembranza de su matrimonio caduco y la desaparición anómala de su niña de los desvaríos.

Sumido en el pasado, en la revisión de su historial con Albania y su compulsión por relatar sus obsesiones, emergen otras historias colmadas de atrocidad, como las andanzas del Visitador y el Vampirito de Andalucía en la década del 50, correrías sangrientas comandadas por ‘El Cóndor’ León María Lozano, presencia cardinal en el firmamento conservador de la guerra bipartidista. Evocaciones que Leopoldo registra en el declive de sus ansiedades, examinando así mismo las sonoridades de sus antepasados, claroscuro de existencias complejas por las cuales comprende que en sus excesos de pasión se registran idénticas resonancias familiares, vergonzosas e infames, que condicionan buena parte de la naturaleza de sus actos viscerales.

En suma, Bajo el cielo sucio, registra la contienda de vientos cruzados entre pájaros y cachiporros, entre la bullente realidad y los recuerdos pertinaces, batalla de fuerzas y respiraciones que abastecieron de consternación a la estirpe Solórzano y a los aldeorrios sosegados del Quindío y norte del Valle del Cauca; traumas y resentimientos que heredaron las generaciones venideras, espectadores y partidarios de pugnas internas que derivaron en la construcción de una sociedad atroz e indolente, en procura de comprender cómo recalaron en tierras de estéril violencia.


Aurora Osorio
Columnista invitada

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