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Crónicas de ocasión

Autor: Óscar Piedrahíta

Varios lectores de nuestra columna quieren conocer el soneto “Al hambre” publicado por el diario cubano Gramma, y reproducido en una pancarta de protesta en La Habana. Es como sigue:

El hambre
El hambre tiene cara de paloma,
de ladrón, de asesino, de ramera;
de payaso ceñido a su chistera;
el hambre tiene cara de paloma.

El hambre que a los ojos se le asoma
al hijo dolorido de la obrera,
y al molinero y a la molinera
que hoy sólo muelen vientos en la loma.

El hambre que solloza por la encía
del jornalero y de la jornalera
en cuyo rostro la amargura estalla.

Pero un día, un día, un claro día,
cuando el hambre se acerque a la trinchera,
el hambre tendrá cara de metralla.

Sobra decir que la protesta era contra el gobierno, por la escasez de comida y otros productos de necesidad diaria, motivada por el bloqueo económico de que ha sido víctima la patria de José Martí, un líder y poeta que se sacrificó por su país, en guerra abierta. Un prócer reconocido y querido por su pueblo.

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El diablo es un personaje legendario, inventado, no real, al que le achacan todo lo malo que hace el hombre. En ese sentido, es más malo el hombre, porque es el culpable de la maldad del diablo.

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La acondroplasia,enfermedad más conocida como enanismo, no ocurre únicamente como un mal físico. Se da más la acondroplasia intelectual, debida a la falta de aptitud o, más comúnmente, a la falta de cultura.

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Las actuales siete maravillas del mundo, son: la Muralla China, Machu Pichu, la Ciudad de Petra, el Templo de Tukunkán, el Cristo Redentor, del Brasil; el palacio de Taj mahal y el Coliseo romano. La menos maravillosa es la de Brasil, en nuestro concepto, porque se trata de una terracota gigante, que imita a la antigua maravilla del mundo llamada “Coloso de Rodas”.

***

Tal vez a nadie le servirá el dato de quién inventó el condón, pese a que este adminículo adquirió actualidad y consumo debido a algunas enfermedades y a la necesidad social de controlar la natalidad. De todos modos les contamos que lo inventó Gabriel Fallopius, de tripas de animal y de membranas de pez.




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