Opinión / Julio 17 de 2017 / Comentarios

Cuidar la esencia

Ángela María Alzate Manjarrés

Un pueblo se pierde a sí mismo cuando olvida sus historias y empieza a permitir que los rostros de los que las escribieron se vayan difuminando en el olvido, cuando cambia los acordes de su música por melodías que no le pertenecen, adopta formas de ser ajenas a su identidad y simplemente, descuidando sus costumbres y tradiciones, se va alejando de sí mismo hasta convertirse en algo diferente de lo que era.

 


Por eso es tan importante que existan procesos como: El Cuyabrito de Oro, que durante casi dos décadas ha alimentado semillas musicales y animado a los niños a interpretar y cantar nuestra música, desde un concurso que año tras año nos acaricia el alma con bambucos y pasillos. 

Es necesario celebrar la existencia de la familia Bastidas entre nosotros y tener gratitud por los gestores que desde las diversas manifestaciones del arte avivan nuestra identidad, protegen y desarrollan nuestra cultura y en pocas palabras, cuidan la esencia.

Al sembrar la música nuestra en las almas infantiles, se está abriendo un horizonte de posibilidad para que cada quien se vuelva embajador de nuestros ritmos y permita de manera voluntaria que por su sangre cabalgue la memoria de los que nos antecedieron en el tiple y la guitarra y por su garganta, pase el eco de tantas voces que cantaron nuestras letras manteniendo viva la tradición.

El pasado sábado el club Campestre albergó en sus paredes los ecos de las voces infantiles del Cuyabrito de Oro, en magnífico contraste con las maduras y bien cultivadas de los integrantes del dueto pentagrama: Eduardo Muñoz Sánchez y Jesús Alcides Cardona González.

La Fundación Festival Infantil de Música Andina Colombiana, Fimac, estimula, difunde y preserva la música y los valores autóctonos de esta forma del arte y genera espacios y eventos que promueven y fortalecen la identidad musical con énfasis en la población infantil. Es algo maravilloso, es permitir que la tradición sonora se mantenga, que perdure a través del tiempo y se fortalezca con nuevas interpretaciones y versiones mejoradas de las canciones que nos acompañan desde siempre. 

Es dejar que las letras que retratan las emociones más profundas de los que vivieron antes de nosotros, habiten en voces nuevas y que se transmitan de generación en generación, los valores que nos hacen únicos en el concierto cultural de la humanidad.

Una tertulia inolvidable fue la del sábado, oportunidad para conmoverse con piezas perennes como: “perdón por adorarte”, para recordar con: “cuando voy por la calle” y enaltecer el patriotismo con: “Soy colombiano”. 

Una opción para admirar la capacidad vocal de Eduardo Muñoz y reconocer la armonía y hermosura de nuevos talentos como los de las integrantes del Dueto Cantares y un nuevo logro de Fimac y de los Pregoneros de la música, que van por el Quindío anunciando el pregón de una esencia especial, que se refleja en la música andina colombiana.

Temas Relacionados: Opinión Ángela María Alzate M.

COMENTA ESTE ARTÍCULO

En Cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

©2009- 2017 todos los derechos reservados