Con ocasión del terrible accidente causado por un conductor ebrio en Bogotá, en el cual murió una persona y quedaron heridas otras cinco, vuelve a darse el debate sobre la responsabilidad que le cabe al Estado para prevenir y sancionar este tipo de conductas peligrosas.
En lo que va corrido del año, en accidentes asociados a consumo de licor, han muerto al menos 150 personas en todo el país. Según Medicina Legal, en 2009 murieron 5.796 personas en accidentes de tránsito, de las cuales 175 se dieron en hechos donde el conductor estaba en estado de embriaguez. La muerte en accidentes de tránsito es la segunda causa de muertes en el país, sin duda un problema de salud pública para lo cual el Estado no tiene una política pública.
Señala Medicina Legal a propósito de la combinación de alcohol y accidentes: “El consumo de alcohol y otras sustancias está ampliamente reconocido como asociado a la ocurrencia de muertes o lesiones en tránsito, y esta relación se explica por la disminución de capacidades fisiológicas como el tiempo de respuesta y la capacidad de reacción sobre todo para el frenado o la facilidad como se desvía un conductor de la línea media si está bajo la influencia de estas sustancias sicoactivas o la pérdida de la atención o concentración”. (Revista Forensis)
Conducir vehículo es una actividad riesgosa, pero conducir en estado de embriaguez es una actividad peligrosa. Cada tanto la opinión pública reacciona ante un nuevo accidente, y los políticos salen presurosos a prometer endurecimiento de las penas, la galería pide linchar al irresponsable de turno, y se le pide a la policía y a la justicia que se encarguen del problema, como si meter a la cárcel al ebrio de turno fuera la mejor manera de responder a un tema que es cultural. No se puede tener un retén de la policía en cada calle de Colombia por donde pase un borracho manejando, y los jueces al aplicar la ley no pueden hacer de las medidas de aseguramiento una sanción, porque eso desnaturaliza el carácter preventivo de las mismas. La calentura no está en las sábanas.
El problema es de cultura, y en especial el hecho de glorificar el consumo de licor como una actividad heroica. Un comercial señala que todo héroe merece una Pilsen. En la transmisión de un partido de fútbol se invita a consumir tal cantidad de cerveza que si se siguiera el consejo de tomarse un Águila cada vez que lo inducen, sin duda se caería en un estado extremo de intoxicación, La publicidad de consumo de licor es una buena entrada para los deparatamentos, esto sin olvidar una contradicción fundamental: la salud se financia en parte con los impuestos al consumo de licor.
El Estado tiene que aumentar sus campañas preventivas y no bajar la guardia en medidas de control tales como retenes y sanciones ejemplarizantes a quienes manejen y causen accidentes en estado de embriaguez – todos los fines de semana la Policía debe tener retenes en la entrada de Armenia y de los principales municipios porque aquí los borrachitos al volante son una peste-, pero mientras no haya conciencia entre los consumidores de licor sobre el peligro que implica manejar en esas condiciones, de las tragedias que pueden causar en familias, a ellos mismos y sus propias familias, es muy poco lo que puede hacerse.
Manejar en estado de embriaguez debería volverse un tabú, como golpear a una mujer o maltratar un niño. Todos deberíamos rechazarlo.
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