Domingo, 09 Dic,2018

Opinión / OCT 11 2018

¿De Álvarez? o ¿de Nariño?

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Esta frase, dicha en su momento por el filósofo y político Antonio Nariño, en momentos de persecución política, más allá de la remembranza, parece un guiño a la actual situación de desadministración pública en la ciudad milagro, que menoscaba la conciencia ciudadana, sucumbe las ansias del poder, mimetiza la responsabilidad social bajo el amparo de la veeduría ciudadana y cual cáncer, que se propaga en lo sano, haciendo metástasis en lugares inesperados, termina sobreviviendo con paliativos tratamientos ante una realidad que todos vemos, pero ante la cual muy pocos actuamos.

En prisión, tal como le sucediera a nuestro prócer Antonio Nariño, se encuentra también un filósofo, amante del conocimiento a quien, como un símil de la historia colombiana, la intención de combatir lo corrupto y defender “los derechos del hombre” le cobran la infortunada relación con la monarquía y la opresión a la gestión pública.

Que desentendimiento y falta de acción popular permeó la época de un mártir de la política colombiana en 1797, cuando por voluntad propia Antonio Nariño se entregara en Cartagena, derrotado en su loable intención de mejorar la sociedad de la época y dispuesto a ser encarcelado. El mismo desentendimiento aflora ahora entre los armenios ante la realidad política y administrativa que avanza con el sinsabor en la reflexión colectiva.

¡Sí!, muchos dirán que los 22 mil millones, que el detrimento a la valorización, que las anunciadas patologías contractuales, que los nexos con la oligarquía quindiana e incluso, que no es lo mismo cárcel por sublevación al imperio que por delitos como lavado de activos, peculado por apropiación, interés indebido en la celebración de contratos y concierto para delinquir… ¿Y?... Nada ha cambiado, todo no se sigue igual sino peor, a nadie parece importarle el incumplimiento de los planes de desarrollo que son talanquera desde el 2009 en materia de movilidad e infraestructura, las 11 obras de valorización inconclusas, el atraso de los temas administrativos de Amable, de dos y hasta cuatro años y el crecimiento acelerado de la construcción en Armenia que causa una burbuja inmobiliaria y que deja el vacío jurídico en control urbano y la problemática a los propietarios de los inmuebles, mientras aumentan las arcas en las mafias de la construcción.

Con esto solo resta hacer uso del legado que nos dejó Nariño, y lanza en ristre con el ejercicio democrático por fusta, vencer al implacable y ancestral monstruo de la corrupción política para ir a las urnas en 2019 y cambiar de algún modo el futuro de Armenia; pues lamentablemente ni con la medida de aseguramiento del ex alcalde elegido democráticamente, quien terminara siendo otro mártir político colombiano, se pudo resarcir el daño colateral que causan la corrupción, la sed de poder y la indiferencia del pueblo. 


Gisela Moreno Barragán
[email protected]
Columnista invitada

NOTICIAS RELACIONADAS


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

logo-copy-cronica
© todos los derechos reservados
Powered by: rhiss.net