Opinión / Enero 11 de 2017 / Comentarios

¿De impuestos a coimas?

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Roberto Estefan Chehab. M.D.

Vivimos en comunidad lo que tiene ventajas inmensas que requieren aportes constantes. No creo que una persona responsable ponga en duda la obligatoriedad de aportar, según sus reales capacidades, una cuota periódica que vaya a un tesoro público, o sea, a un fondo común, con la finalidad de ser invertido muy juiciosamente en diferentes frentes identificados y plasmados en un plan de desarrollo muy responsable y que se traduzca en bienestar, dignificación, protección, humanización y prevención y acciones permanentes de estudio y planificación futura, amén del mantenimiento juicioso de lo ya existente, en la comunidad.

Así se garantiza salud, educación, vivienda, trabajo, recreación, ornamentación, infraestructura, seguridad: un entorno y unas condiciones amorosas, buenas, amables, justas para el desarrollo adecuado de las personas y su entorno. Hasta aquí, todo suena lógico y muy “indo”; el problema se genera en el momento de elegir a los individuos que han de cumplir con las tareas que garanticen el cumplimiento de todo lo expuesto anteriormente.

El dinero está, las necesidades identificadas suficientemente, la comunidad como un ente existe y entonces y clama por su bienestar y entonces ¿Qué ocurre?, ya imagino apreciado amigo y lector: nos estamos entendiendo si está pensando que todo se complica cuando el encargo se le hace a unos cuantos individuos que cogen lo de todos y hacen fiesta, se apropian de gran parte de lo que no les pertenece; se dedican a comprar conciencias, a buscar amigotes que los secundan en todo lo ilícito con tal de que parte de la tajadita les toque ya sea en forma de puestos de trabajo innecesarios,  o en especies,  o alguito de poder y obviamente, los líderes de esa maquinaria saben muy bien por dónde “amarrar” a los que ya tienen encuartelados.

Así se va instalando la tenebrosa corrupción que es capaz de dar al traste con toda la filosofía y el verdadero espíritu del aporte derivado del gran esfuerzo del trabajo diario de los buenos ciudadanos: la gran mayoría.

No quisiera pensar que las pataletas de aquellos que hablan en estos días de revocatoria de mandato, por ejemplo, del actual gobernador, sean el producto de sentir que, por fin, parece que estamos dejando de convertir nuestros impuestos en sus coimas. Pensemos en el bien común y no en estrategias y marrullas electoreras: este es un año de especial cuidado.

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