Martes, 25 Sep,2018

Opinión / ENE 14 2018

Del mal genio y otras rabias

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Dentro de la inmensa gama de emociones que experimentamos a diario los seres humanos la rabia tiene una misión social y emocional muy importante. Desde darnos la fuerza para enfrentar con decisión cosas cotidianas hasta otras de mayor envergadura, como reclamar lo que es justo, defender los derechos o darnos valentía para luchar por lo que queremos.

Siempre habrá razones válidas para como dicen los mexicanos llenarse de coraje. Por ejemplo en Colombia creo que tenemos razones de sobra para andar con la piedra afuera con la corrupción desfachatada y sin límites, la inseguridad en las ciudades, la inequidad, la impunidad y una infinidad de situaciones que nos afecta directa o indirectamente a muchísimos ciudadanos en este país. 

Sin embargo, no siempre resulta tan justificable. La línea entre una rabia justa y la que lleva al odio, el rencor, el deseo de venganza y la violencia, es delgada. En otro campo, un estudio realizado por el departamento de salud pública de la Universidad de Harvard concluyo que la ira es altamente peligrosa para el bienestar físico. Muestra datos tan puntuales como preocupantes, como que cinco rabietas al día aumentan en las mismas veces la posibilidad de tener un infarto y multiplican por tres la de sufrir un derrame cerebral. Lo que se traduce en que mantenerse “emberracado” es un factor de riesgo para enfermarse que es importante considerar con seriedad.

Este hallazgo me inquietó inmensamente porque lo que veo en los casos que trato a diario es que existe una fuerte tendencia a que las personas reaccionen con ira frente a situaciones que no lo ameritan. Hasta las cosas más insignificantes terminan siendo motivo suficiente para provocar un disgusto de gran magnitud. Esta actitud repetida tiene el peligro de que se puede ir convirtiendo, la mayoría de las veces sin que quien la sufre tenga conciencia de esto, en una forma habitual de afrontar las vicisitudes normales de la vida diaria. Es como si estar de mal genio fuera una emoción “standard” que sirve igual para expresar que estoy cansado, preocupado, aburrido, estresado o angustiado. 

El tema también, es que ponerse bravo permanentemente afecta nuestro entorno. Uno no se enoja solo, así no alegue y vocifere, la expresión de una persona con rabia indispone e incomoda a los demás, crea un ambiente de tensión y malestar (“denso” como dicen los jóvenes) que no deja que fluyan buenos momentos. De otro lado, y esto es menos agradable, es que la rabia se contagia a los otros. No es raro ver que cuando se tiene una pareja que es malgeniada terminamos al menos justificando la necesidad de ponernos bravos, o sino y esto es más inquietante, actuando de idéntica manera.

En este contexto, si Usted es de los que siempre encuentra argumentos para enojarse con razón, cualquier desacuerdo se convierte en un detonador para salirse de casillas, se queda instalado en modo rabia por mucho tiempo y dura desde uno a varios días furioso por algo que sucedió sin pasar la página, reconozca, revise y aplíquele unas buenas dosis de inteligencia emocional. Siempre habrá buenas razones para enojarse porque el mundo no gira como deseamos, pero también existen muchas otras para tener paz y tranquilidad y sobre todo para que el corazón siga latiendo a buen ritmo.

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