Editorial / Septiembre 13 de 2017 / Comentarios

¿Desbandada?

La que parece ser una fuga y confirmación de disidencia por parte de ‘Rodrigo Cadete’ es un paso hacia atrás en el proceso de paz y su componente de reincorporación.


La noticia conocida ayer sobre la supuesta fuga y regreso a la clandestinidad de ‘Rodrigo Cadete’, uno de los más destacados mandos medios de la extinta guerrilla de las Farc, se convierte en un aciago golpe al proceso de paz y a su componente de reincorporación.

Mientras aún se sentía el aire a reconciliación y avance de lo acordado en La Habana, luego de presenciar la transformación de la insurgencia en partido político y de recibir el acuerdo de paz entre Farc y gobierno la ‘bendición’ del carismático papa Francisco, lo protagonizado por Mesías Salgado Aragón o ‘Rodrigo Cadete’, quien fuera comandante del frente 27 de las Farc y con cerca de 36 años en la guerrilla, ha caído como un ‘baldado de agua fría’ que activó las alarmas y genera un temor de que sea el inicio de una desbandada de integrantes, que durante años le dijeron al país que le apostaban a la reconciliación.

El mismo ‘Cadete’ se había mostrado comprometido con los acuerdos y hasta el año pasado, durante la X Conferencia de las Farc, desmintió los rumores de una eventual disidencia al insistir que su participación en el proceso era “real y firme”.

Las versiones preliminares precisan que el excomandante se fugó de los uniformados de la Unidad Nacional de Protección, UNP, que le servían de escoltas, en el cruce Tres Esquinas en Cartagena del Chairá, Caquetá, después de solicitar una parada para tomar gaseosa, hecho que sin ser ratificado por los altos mandos del ahora grupo político de las Farc, sí deja un mal sabor de boca, pues si se verifica su retorno a las acciones ilícitas se desnuda que la reincorporación estaría no garantizando la implementación de los acuerdos y además que varios exjefes guerrilleros tienen entre sus planes seguir en lucrativos negocios como son el narcotráfico, la minería ilegal y otros, lejos de defender un pensamiento ideológico.

Asimismo, los rumores de retornos a las armas, uno de los temores de los colombianos durante los diálogos, se evidenció con lo de ‘Cadete’ y a pesar de ser un caso sí avizora un eventual comienzo de desbandada de otros hombres, quienes ven que la reincorporación no es un camino fácil, que es complejo ajustarse a la nueva vida civil y que el poder y el dinero están muy lejos de ser abundantes.

“Igual que Gentil Duarte, John Cuarenta, Euclides Mora, Giovanny Chuspas y Julián Chollo, ‘Cadete’ supera los 50 años, es de origen campesino, y está fuertemente vinculado al narcotráfico; todos tienen manejo de tropas y fuerte influencia en el territorio”, informó la revista Semana, y es precisamente eso lo que inquieta, pues se convierte en una amenaza si se unió a la disidencia o a una banda criminal.

La mayoría de los mandos medios de las Farc “son hombres o mujeres que se encuentran entre los 38 y 42 años, son de origen campesino y con poca educación. Han sido dios y ley en el territorio, y tienen un estatus económico mejor que el de los combatientes rasos. No conocen ningún oficio y no se ven así mismos como estudiante, agricultor o panadero”, reveló el medio al citar un censo de la universidad Nacional.

Ayer en Caracol Radio, el director de la Fundación Paz y Reconciliación, Ariel Ávila, dijo que “existe un problema de fondo en el proceso de reincorporación, debido a que muchas de las promesas a los guerrilleros que se sumaron a la paz están sin cumplir y eso provoca deserción”. 

Entre las razones de abandonar el propósito de reintegrarse está el poder económico, los miedos a ser exterminados, o que sean juzgados y paguen penas o extradición, al rendirle cuentas a la Justicia Especial para la Paz, JEP. 

A pesar de haberse considerado el proceso de reincoporación como exitoso y un modelo, lo sucedido con ‘Rodrigo Cadete’ es una voz de alerta para que se replantee el camino, el cual exige comprender que una cosa son los miembros del secretariado y aquellos que estuvieron en el congreso de las Farc, quienes ven la oportunidad de un desarrollo político, y otra muy distinta son los mandos medios y los rasos. El gobierno nacional debe acudir a su sapiencia y diseñar una estrategia que conjure de manera célere la posibilidad de más deserciones.

Es necesario que se le hable a los colombianos con la verdad, no desvirtuar hechos tan dicientes y más bien discutir en el Consejo Nacional de Reincorporación y la Comisión de Seguimiento y Verificación el paso a seguir para frenar el fenómeno de eventual desbandada. Hemos avanzado, no se puede permitir que se desmorone el proceso, en apenas el inicio de su implementación.

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