De quemaduras externas e internas
O.: ¡Buenos y calurosos días don Pesismundo! ... ¡Tiempo sin verlo!
P.: Yo diría mejor malos y ardientes días Optiberio, lo cierto es que me estoy quemando por fuera y por dentro.
O.: ¿Me quiere especificar?
P.: Bien, sencillamente empezamos hoy a sentir los efectos de nuestras propias acciones destructivas con la madre naturaleza; nos olvidamos que toda ella está formada por seres vivos que reciben el impacto deletéreo de lo que denominamos ‘progreso’: exterminamos sin consideración nuestros árboles a sabiendas de que ellos son fuente de aire puro y que son indispensables para la conservación de nuestras aguas, y ahora empezamos a morirnos de sed por la sequía y de asfixia porque no tenemos quien purifique el aire de las miles de partículas contaminantes y de gases nocivos generados en las modernas industrias y en los vehículos, exponentes ambos, de nuestros avances tecnológicos. Los cambios climáticos que han generado inviernos inclementes con inundaciones nunca antes vistas; sequías prolongadas que ocasionan la muerte de humanos y animales; incendios forestales que agravan aún más el problema, constituyen la vindicta y la respuesta hostil de una madre agraviada sin compasión en la centurias de la ‘era industrial’. Indudablemente ésta civilización se aproxima cada vez más a su fin. Me inclino a creer en las profecías de Nostradamus y de los mayas que hablan de incendios, grandes inundaciones, hambrunas, guerras por la comida y por el agua…
O.: Lo percibo tan pesimista como siempre, pero el hombre está recapacitando y trata de enmendar sus errores…
P.: Su ingenuidad me asombra Optiberio, fíjese nada más en el fracaso de la cumbre de países en Copenhague; el hombre definitivamente no está interesado en la supervivencia. Eche una ojeada al mapamundi y apreciará el manto luctuoso de la muerte por doquier: guerras, hambrunas, sequías, catástrofes, terrorismo, epidemias…
O.: No siga Pesismundo porque el pesimismo es más contagioso que la gripa, mejor dígame en qué consiste su fuego interior.
P.: Pues la quemazón me la está ocasionando nada más y nada menos que el ají de la política. ¿Ha visto un circo más patente que el que ofrece hoy el escenario político? Es todo un carrusel de figuras que pretenden el favor del público con base en la imagen y la publicidad. Desaparecieron las ideologías, los programas de gobierno, las propuestas para mejorar las condiciones económicas, de salud, de vivienda, y de empleo en una población cada vez más empobrecida, al borde del desespero.
Los actores en este circo cambian su disfraz con una facilidad tal, que es imposible reconocer su verdadera identidad. No conocen su papel ni la responsabilidad que conlleva, simplemente manipulan al público para conseguir el aplauso. Muchos de ellos han ofrecido bonos y prebendas por su participación activa en el espectáculo. Algunos, son desconocidos en sus actuaciones públicas, simplemente quieren tomar una posición política rentable, que a más de dinero les confiera poder. Con razón varios actores y actrices de la televisión y gente de la farándula lanzan hoy sus candidaturas para cambiar de escenario y vivir más cómodamente.
¿Finalmente en manos de quiénes quedará el país?
Lo cierto es que en este circo se requieren más domadores y magos porque de payasos está pleno.
O.: Veo sus apreciaciones muy razonables y objetivas, pero temo contagiarme de su empedernido pesimismo. Adiós.