Domingo, 13 Oct,2019
Opinión / OCT 21 2017

Ecobachaco de Peñas Blancas

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"...Dos ojos blancos pintados en el exterior, en torno a las circulares ventanas..."


En uno de sus poemas, escribió el santo Milarepa: “No hagas nada con el cuerpo, excepto relajarte; cierra firme la boca, observa silencio, vacía tu mente y no pienses en nada. Afloja tu cuerpo como bambú hueco y desahógate”. Lugar exclusivo para esto: el original ecobachaco de Peñas blancas. En la noche, si duermes; o durante el día, si lo aprovechas para alguna aislada práctica de interiorización y sosegado encuentro contigo mismo, dentro del circular ámbito construido con tierra en el Ecoparque Peñas blancas, solo te acompañarán cuatro alegóricas ranas de los grabados de Grass, coloreadas sobre la redonda pared del recinto. Dos pequeñas ventanas, también circulares, te relacionan con el paisaje. Por una de ellas, adviertes en la distancia a Calarcá y Armenia. Dos ojos blancos pintados en el exterior, en torno a las circulares ventanas. La construcción, a prudente distancia de la vivienda principal tiene al fondo la sacra presencia de las históricas e imponentes Peñas Blancas. Relajado dentro de esta habitación para una persona o máximo dos, la serenidad interior no es abstracta idea mística, religiosa o esotérica. Es sensorial presencia física para vaciar tu mente y transmutarte en el bambú hueco que señala Milarepa. Cuanto no vislumbras coreando mantras, balbuceando oraciones, visitando al psiquiatra, usando antidepresivos o consumiendo plantas enteógenas, ni intuyes leyendo significativos textos taoístas, sufíes o budistas, podrás experimentarlo allí, solo, sin luces, dentro del acogedor ecobachaco. Acompañado únicamente por el terco flujo de tus pensamientos. Hacia el atractivo sitio, sales desde La Virginia, en Calarcá, por un camino que puede transformarse, al ascender hasta  allí, en tu Camino de Santiago. Novedoso en su apariencia, este punto para la contemplación, enclavado entre árboles y silencio, amparado tras de sí por la energética presencia de Peñas Blancas, irradia el positivo encanto precolombino de Nacuco y Locomboo, deidades pijao. Si deseas, puedes acompañarte de una lámpara solar. Su original forma permite convertirte, allí dentro, en beneficiario de la energía montañosa y rocosa, conectándote con chamánicos voltajes de energía que fluyen pródigos del interior de las peñas. En esta matriz terrosa, tienes la certidumbre de haber hallado el sitio para expulsar tus pensamientos, tu desconsuelo con el mundo y tu desasosiego. Tal construcción, idea del infatigable apacentador de árboles propietario del citado Ecoparque, Javier Salazar, recibió el Premio Alianzas para la innovación, de Colciencias y Confecámaras 2017, por su propuesta como construcción exótica, artesanal, ancestral y natural. Con tan austero y fascinante recinto del silencio, como no existen dos en Colombia, el Quindío tiene uno de los más singulares atractivos para personas que buscan sitios de recogimiento interior, lejos de la ciudad. Receptáculo material del silencio y la soledad donde cada uno experimentará sus realidades o fantasías internas.

 


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