Miércoles, 21 Nov,2018

Editorial / SEP 12 2018

El otro terrorismo...

Hay otro tipo de terrorismo que es tan dañino como el fundamentalista, y es el de la corrupción como expresión perversa para atentar contra todo lo que signifique el erario o los recursos del Estado en sus distintas presentaciones y oportunidades.

Recordar lo sucedido el 11 de septiembre de 2001, es remover una serie de cuatro atentados terroristas suicidas cometidos aquel día en Estados Unidos por 19 miembros de la red yihadista Al Qaeda, mediante el secuestro de aviones comerciales para ser impactados contra diversos objetivos, causando la muerte de 3016 personas —incluidos los 19 terroristas y los 24 desaparecidos— y dejando a otras 6.000 heridas, así como la destrucción en Nueva York de todo el complejo de edificios del World Trade Center —además de las Torres Gemelas— y graves daños en el Pentágono —sede del Departamento de Defensa de los Estados Unidos, en el Estado de Virginia—, episodio que precedería a la guerra de Afganistán y a la adopción por el gobierno estadounidense y sus aliados de la política denominada “guerra contra el terrorismo”.

Cada 11 de septiembre habrá un motivo para recordar este demencial acto, calificado como uno de los más horrendos del terrorismo en su historia. Y revisar esta fecha después de 17 años, es declarar sin temor a equivocarnos, que la lucha contra el terrorismo aún sigue con muchos pendientes pues su presencia e incidencia mundial sigue vigente y alevosa ante el estado de alarma de muchas naciones, en especial las denominadas potencias mundiales.

Pero el terrorismo como hecho histórico marcado por la realidad del 11 de septiembre, ha tenido desde antes tristes espejos en muchos rincones del mundo, entre los cuales no se escapa Colombia. Los atentados terroristas ya de las Farc, ya del Eln, ya del Epl y en su momento, entre otras guerrillas, el M-19, sumados a los perpetrados por la autodefensas, han llevado a que haya sido azotada en las últimas décadas por manifestaciones terroristas que además de asesinar personas, han atentado de manera implacable contra la naturaleza con la excusa de reventar oleoductos.

Ahora, hay otro tipo de terrorismo que es tan dañino como el fundamentalista, y es el la corrupción como expresión perversa y dañina para atentar contra todo lo que signifique el erario o los recursos del Estado en sus distintas presentaciones y oportunidades. Es la corrupción un tipo de terrorismo que asalta y da muerte a los recursos que son para la vida, para el bienestar y el desarrollo de la gente, y se convierte en plata untada de sangre que finalmente enriquece a unos pocos y propulsa emporios de narcotráfico y microtráfico en Colombia y el mundo.

Es la corrupción una expresión inhumana, inmisericorde, sin escrúpulos y sin el más mínimo sentido humano, pues en sus redes caen dineros para la alimentación y el transporte escolar, para la educación de los hijos, para la salud de la familia, para las obras de valorización y desarrollo urbanístico, y en general caen en sus fauces los recursos de desarrollo por cuenta de los terroristas de la corrupción que se los roban y acaban con lo público, permean lo privado y revientan la economía del país, sin contemplaciones ni pudor.

Así que el otro terrorismo, el de la corrupción también amerita una lucha sin cuartel, y lo que no puede suceder es que sea una moda o un impulso emotivo del gobierno, los partidos y sectores ciudadanos, cuando estos carteles y mafias están al acecho.

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