Miércoles, 14 Nov,2018

Opinión / NOV 08 2018

El violinista que descendió a los infiernos

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La ópera cómica: Orphée aux enfers, escrita por Hector Crémieux y Ludovic Halévy musicalizada por Jacques Offenbach, estrenada en el Théâtre des Bouffes 1858 en París, fue protagonista de dos escándalos: el primero, haber violado la norma impuesta por el gobierno francés que sólo permitía un acto en las óperas bufas, Offenbach le agregó uno más y con doble escena; el segundo, usar un mito greco-romano para develar la hipocresía moral de la sociedad occidental.

Primera parte: Orfeo, hijo de Apolo y virtuoso de la música, representado por un profesor de violín, está casado con la ninfa Eurídice, una campesina a quien su fogosidad no la deja en paz; y además, odia el sonido del violín. En medio de una discusión con su esposo ella le revela sus amoríos con el vecino Aristeo, un productor de miel, y le pide el divorcio. Al violinista le encanta la idea, pero teme que se entere la Opinión pública, pues perdería su puesto de profesor en la academia.

Eurídice corre al jardín de su amado, invadido de víboras. Aristeo le dice que son inofensivas, ella se arroja en los brazos de su jayán en el momento en que es mordida por una de las serpientes. Éste se descubre ante el público mostrándose en realidad como Plutón, el dios de los infiernos; luego emprenden el viaje hacia este reino de las tinieblas; seguidamente, la Opinión pública busca a Orfeo instigándolo a que acuda al rescate de su esposa.

En la segunda parte, Eurídice explica que la muerte es dulce y que la vida en el infierno es muy divertida, siempre se está de fiesta. La noticia es llevada por Mercurio al Olimpo donde los dioses pernoctan sobre nubes blancas, comiendo ambrosía, chupando néctar y aburriéndose hasta la saciedad.

Júpiter, el padre de los dioses, y demás divinidades viajan al infierno picados por la curiosidad; éste se apasiona por la ninfa y surge una disputa entre él y Plutón, que media Cupido transformando a Eurídice en una bacante. Cuando llega el violinista y la Opinión pública al infierno, encuentran que todos están felices en un gran baile de Can-Can.

Epílogo: Los dioses se fueron a vivir al infierno, Eurídice pudo desatar su fogosidad como bacante, Orfeo quedó libre para hacer música y, la Opinión pública, mordiéndose la lengua.

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