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El eterno aniqueísmo

Autor: Uriel Salazar Ceballos

Tan común como es escuchar el calificativo de maniqueo para aplicarlo a personas proclives a clasificar a los demás en el bando de los buenos o en el de los malos, pero tan escasas las indagaciones sobre las tesis en las que se fundamenta esta doctrina religiosa del siglo III d. C.

Al pretenderlo, lo primero que surge es que en el siglo III, del Zoroastrismo persa surgió el Mitraísmo con el que se revivió a Mitra, antiguo dios del sol, el cual había sido proscrito por Zoroastro o Zaratustra, y el Maniqueísmo, doctrina que tomó el nombre de Mani o Maniqueo, personaje nacido en Babilonia, quien según esa creencia era el embajador de la luz y fundador de esa doctrina que trató de conciliar con el Zoroastrismo y el Cristianismo.

(Coincidencialmente, el nombre de la capital del departamento de Caldas dizque proviene del término maní que fue el nombre de la piedra encontrada en las tierras donde se fundó esa ciudad, razón por la cual es tan adecuado decir Manizales para referirse a los campos de piedra maní, como decir arrozales para significar campos sembrados de arroz).
Retomando el tema, la esencia doctrinal del Maniqueísmo sostiene que el mundo se debe a la existencia de dos principios eternos: el bien, (luz) y el mal (tinieblas) y que Satanás creó al hombre con la luz que le había robado a Dios.

Como antecedentes curiosos, Agustín de Tagaste, más conocido como san Agustín, primero fue maniqueísta y, cuando se convirtió al Cristinanismo, combatió esa doctrina por considerarla contraria a su nueva creencia.
Por su parte el papa León El Grande, quien ejerció su pontificado entre el 440 y el 461, además de haber impedido la toma de Roma por Atila, rey de los Hunos, condenó el Maniqueísmo por reconocerla una secta herética frente a los dogmas del Cristianismo.

El bien, entendido como luz y el mal, asumido como tinieblas, se asemeja a otra concepción en la que la luz significa ser y las tinieblas nada o negación del ser, disyunción que fundamenta el uso de la expresión cotidiana dar a luz, como sinónima de dar el ser.

En el mundo actual el maniqueísmo cobra vigencia y perdurabilidad, ya que lo más frecuente es calificar, clasificar, rotular y señalar a los demás considerando que los problemas son ocasionados por ellos, y que de nuestra parte todo está bien.
Sustraerse de responsabilidades, quitarse peso de encima, endilgar la culpa a los otros, además de ser una actitud maniqueísta y cómoda, comprueba la facilidad y conveniencia por las que se cambia de posición, ya sea apelando a un nuevo y promisorio partido político, a una nueva creencia religiosa que proporcione dividendos o a un equipo de fútbol que mueva más pasiones y, por tanto, más adrenalina.




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