En los procesos de formación académica la perspectiva del mañana es sin duda el horizonte sobre el cual se deben trazar los lineamientos para una educación superior pertinente que pueda dar respuesta a las necesidades y retos de las sociedades desde las diversas áreas del conocimiento.
En el caso de la formación de los comunicadores sociales-periodistas esta reflexión resulta interesante de abordar dado el entorno de cambios vertiginosos que hoy caracterizan a las prácticas comunicativas y requerimientos informativos, que oscilan entre lo presencial y virtual, lo análogo y digital, la sincronía y asincronía, lo lineal y no lineal; entorno enriquecido y complejizado por los dispositivos tecnológicos a los cuales está atado cada vez más de manera ineludible el futuro profesional de nuestra disciplina.
Los comunicadores en formación deben escuchar y aprender de sus profesores sobre el mundo que ya nos está tocando —y en el cual obligatoriamente se deberán desenvolver las generaciones de próximos egresados— en aspectos como el periodismo digital, las nuevas maneras de producir y circular la información, de los efectos de red, del lugar de la comunicación en escenarios de incertidumbre y duda.
El ejercicio del periodismo cambió —nos dice el profesor y destacado blogero francés Francis Pisani—, ya los periodistas no tienen el poder y monopolio de una información que cada vez tiende a tener un valor de cero, por tanto la preparación debe estar enfocada más hacia la puesta en escena de la misma, es decir, en la capacidad de presentar de forma novedosa, atractiva y veraz los contenidos que pueden ser noticiosos.
La diferencia estará entonces más que en la producción de información en su edición, determinando con habilidad conceptual y tecnológica las plataformas y los tiempos en que ésta debe estar disponible para audiencias dispersas y de preferencias en constante mutación. Así, el dominio de las tecnologías para la generación de contenidos multimediales, que incorporen audio, vídeo, textos, interactividad es un mandato inaplazable dentro de los currículos de las facultades de comunicación.
Los comunicadores-periodistas del mañana deberán entender claramente que los ambientes digitales serán con mayor contundencia de lo que son hoy el centro estratégico de la gestión de la información, en el que se apalancarán otros medios más convencionales como la televisión —como la conocemos ahora—, la radio o las publicaciones impresas. Gestión que replantea, por ejemplo, el concepto de la nota como contenedor principal para la transmisión de la información, y que por tanto nos reta a diseñar formatos narrativamente más abiertos y con opciones de retroalimentación; formatos que permitan pasar del concepto de fuente al de enlace, donde el usuario tiene la posibilidad de rastrear y ampliar la veracidad de la información consultando y contrastando con otras informaciones.
Si bien hay una incertidumbre frente a las maneras en que se establecerán los nuevos modelos de negocio de los medios de comunicación, la formación exige un conocimiento amplio de aspectos financieros y administrativos, de tal manera que se tenga la capacidad de calibrar y equilibrar su valor público con la posibilidad de rentabilización económica.
Es sobre esto y mucho más de lo que se debe estar hablando y enseñando a quienes en el futuro muy cercano estarán responsabilizados de generar sentido de lo público a través del recurso de mayor relevancia para el desarrollo social, económico, cultural y político de un país como lo es su capacidad de comunicación e información.