Miércoles, 18 Sep,2019
Opinión / JUN 12 2019

¿En manos irresponsables?

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Si es verdad que los pueblos son libres de autodeterminarse y particularmente, en los que se rigen con las bases de la democracia, su funcionamiento se cimenta en la voz del pueblo, debemos decir que actualmente estamos muy mal representados, porque además es obvio que la Constitución Política de 1991 está mostrando las secuelas de haber sido impulsada con más de una influencia poco sana, llena de intereses personales, o de grupos que en la época se sentían acorralados y además, de varios espacios de poder que estaban muy permeados por ideologías que han demostrado no ser compatibles con nuestra actual idiosincrasia.

Aquí sí vale recalcar lo dañino que es copiar de otras culturas sin estar educados para ello. Muchas ideas de avanzada en una constitución de un país carente de mucha educación y en ese orden, el documento, que comenzó por sacar al mismo Dios de su cabeza, se tornó en una talanquera para la educación, el mantenimiento de los principios, el respeto hacia instituciones incluyendo a los educadores, a los padres, a los mayores. De ahí que cualquiera que se atreva a siquiera criticar esas falencias saldrá atacado por los ‘progresistas’ que creen que futuro o modernismo no riman con sanas costumbres, valores y principios. Y no se trata de hacerle una alegoría al fanatismo religioso, ni a las prácticas restrictivas y avasalladoras de antaño, pero definitivamente se perdió el norte, porque Colombia no estaba preparada para esa reforma tal como se hizo e impuso, ni la gran mayoría del pueblo, campesino, rural, urbano de clase media trabajadora normal, sabía muy bien qué era lo que había en las entrañas de esa reforma.

Y ahora, ese sagrado texto en las manos de personas inadecuadas se volvió un peligroso instrumento plagado de contradicciones jurisprudenciales: a unos sí y a otros no, dependiendo de reflexiones matizadas por influencias politiqueras que están dañando mucho a la patria. Recuerdo, por ejemplo, a Petro el día que perdió las elecciones, amenazando al presidente Duque con que no lo iba a dejar gobernar: ¿eso es patriotismo, o amor a su país, buen ejemplo, responsabilidad? No señores, eso habla muy mal del individuo y ha hecho mucho daño y parece que más de uno le sigue por esa corriente. 

El reciente fallo de la Corte Constitucional parece untado de algo malo: no sé qué es, pero no es bueno. La Constitución no es un pedazo de libro con casi treinta años que solo se lee y ya. Para eso hay una Corte, otrora cristalina y admirable. Hoy, amparando la desprotección de los niños y también los adultos con un discurso ‘en derecho’ pero un fundamento que no se lo creen ni ellos, porque parece ser un fallo con muy pocos dedos de frente y muchos codos de irresponsabilidad. 

¡Dios nos ampare! 

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