Opinión / Mayo 19 de 2017 / Comentarios

En pocas palabras

José Jaramillo Mejía

Los principios que han regido a la humanidad, en cada una de las culturas que la han identificado, separadas entre sí durante milenios por fenómenos geográficos insalvables, lo que garantizó su autenticidad, después, por la gestión invasora de algunos adalides, el afán mercantil de otros de vocación distinta y la curiosidad intelectual de los filósofos primarios, comenzó a amalgamarse, hasta llegar recientemente a la globalización, impulsada por la tecnología de la informática, para conformar una nueva Babel en la que la gente sí se entiende. Y una tendencia actual, consecuencia del valor del tiempo, impone la síntesis, que en épocas de los clásicos fue extraña a sus textos y discursos, no se preocuparon por ella los greco-latinos y expiró definitivamente con los últimos discursos de Fidel Castro y los prólogos finales de nuestro querido Otto, semejantes a los de los ensayistas que analizaban las obras de los clásicos españoles, para inducir a la gente a leerlas, que solían ser más extensos que los escritos de los autores que presentaban.

Los ejecutivos modernos, de cualquier disciplina, ahora expresan sus opiniones a través de mensajes difundidos por medios electrónicos, que no pueden exceder determinado número de palabras; y en los foros en los que participan les señalan un tiempo límite para sus intervenciones; y una vez cumplido éste, si pretenden seguir, el moderador les “corta el chorro”. De esta regla se exceptúan los dictadores, que tratan de dilatar sus mandatos con largas intervenciones, que auditorios sumisos les tienen que escuchar pacientes y aplaudir clamorosamente, so pena de perder el puesto público o ser castigados por esbirros vigilantes.

En una publicación de la Universidad de Los Andes, en la que se reseñan los perfiles de 500 empresarios exitosos, todos de mediana edad y gestores de negocios de pequeño y mediano tamaño, cuyo contenido escapa, por sustracción de materia, a los intereses intelectuales de este cronista, pero que se “paisajeó” por curiosidad, se encuentran principios que en pocas palabras constituyen el ideario o derrotero de personas que han sobresalido sin ser “hijos de papi” y han utilizado su talento y su capacidad de trabajo para crear empresas, sustrayéndose a la esclavitud de la burocracia. A preguntas puntuales sobre conductas relacionadas con su trabajo, uno de ellos, tomado al desgaire, contestó: Característica principal de un líder: Tranquilidad. Una clave para trabajar en equipo: Escuchar. Acción para motivar: Saludar. Esta última tiene más sentido del que a la ligera se puede apreciar. Y si se les agregan a los saludos los nombres, mucho mejor. La palabra más agradable al oído de cualquier persona es su propio nombre, así se llame Libaniel o Cruzana. 

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