Jueves, 17 Oct,2019
Opinión / OCT 09 2019

¡Es un decir popular!

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Hace cuatro años por esta misma época el Quindío pasaba por uno de los momentos más difíciles de su historia política y como común denominador del proceso electoral de entonces la sociedad pensaba en la forma democrática y severa como había que derrotar la corrupción de la que se hablaba mucho, sin que la misma comunidad supiera en esencia que era lo que estaba pasando.

La campaña había sido agresiva, pero ante todo vulgar, toda vez que el gobierno territorial estaba haciendo uso y abuso de su poder para imponerle a los electores unas candidatura de tan bajo valor ético y moral como los gobiernos 2012 -2015, con un agravante, que algunos tontos como yo, teníamos la mirada puesta sobre el palacio departamental por ignorar que en el CAM existía otra cueva de rolando; allá estaba el Bronx de la descomposición moral en la administración pública de Armenia.

El Quindío pasó cuatro años a dos fuegos; por un lado, una gobernadora mentirosa, corrupta, soberbia, ‘contratista’ de las más malas condiciones y por el otro lado, una alcaldesa en Armenia y alcaldes de algunos otros municipios metidos en un lodazal de corrupción, en una realidad podrida que hacía sentir la fetidez del sector público regional, viviendo una descomposición pública sin precedentes, aunque la región venía del año 2000 para acá en poder de una ruina moral que dejaba asomar la garra perversa de algunos de sus políticos y gobernantes.

Los electores hace cuatro años se hicieron sentir y creímos esperanzados, en lo que pudo haber sido y no fue. Votamos aferrados a la fe, convencidos de una cura radical al mal de las peores costumbres políticas. Lamentablemente hoy estamos a 18 días de salir a votar, otra vez con similares intenciones, por estar casi que con los mismos problemas y necesidades.

El candidato del gobierno departamental para la sucesión el primero de enero, pierde toda posibilidad, así Álvaro Arias Velásquez sea un maestro de escuela con excelentes calificaciones. El origen político del candidato, lo tiene fuera del rin y solo un milagro electoral, permitiría que el gobierno actual alcanzara a tener fuerza para dejarlo en el piso 19 reemplazándolo en sus quehaceres y acciones administrativas. 

Es un decir popular que el departamento y el municipio perdieron cuatro años y que el desgobierno y sus vicios, le mataron al Quindío las posibilidades en las que confiaron cerca de 130 mil ciudadanos. Óscar Iván Sabogal —compañero columnista de LA CRÓNICA— y con quién comparte preocupaciones sobre la vida regional, fue más allá, en su escrito reciente. Por eso, una vez más y mantenido en la misma línea de conducta, rechazo y condeno la mentira como norma. Tenemos que insistir hasta encontrar el hábito de las buenas maneras éticas y morales, para que estas virtudes correspondan a la verdad y no al engaño de las tantas veces cuestionada politiquería al servicio de la corrupción. 

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