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Opinión / JUL 16 2012

Estamos en guerra

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

¿Qué es la guerra? Tomemos la definición de Carl von Clausewitz, oficial prusiano, que en su oportunidad le parecía más importante analizar el fenómeno como tal que establecer estrategias militares, al respecto, dijo Carl “la guerra es un fenómeno político, es la extensión de la política por otros medios, es una actividad demasiado seria como para dejarla solo en manos de los generales”.

Desde la independencia, el país no ha estado ajeno a la violencia. Primero fue la partidista, lo cual se evidencia en varias guerras civiles durante el siglo XIX y culminando en la Guerra de los Mil Días (1899–1902). Entre 1902 y 1948, Colombia gozó de una relativa paz, primero bajo los gobiernos de la hegemonía conservadora (1886–1930) y luego con los presidentes reformistas liberales (1930–1946). Sin embargo durante esta época ciertos incidentes de violencia política fueron constantes en diversas regiones, por lo tanto paz en todo su contexto nunca hemos tenido.

En el gobierno de Belisario Betancourt se creó la comisión de estudios sobre la violencia, que estuvo a cargo del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales, Iepri, de la universidad Nacional, esta señaló que “la violencia política, tomada como una herramienta para lograr el acceso al control del Estado, no afecta los indicadores de violencia de una forma significativa, pues solo constituía un 7,5% de los homicidios”, dijo la comisión que lo que realmente afecta considerablemente los indicadores de violencia son hechos como las riñas, las venganzas personales, la violencia intrafamiliar y el sicariato. Para el año del informe habría que agregar que la comisión no tuvo en cuenta la violencia que se genera hoy por algunos idiotas útiles del poder, que son verdaderos sicarios y amanuenses de prácticas clientelistas y corruptas de algunos actores de la sociedad.

Señala la comisión que otra causa radica en la concentración o monopolización del campo por terratenientes y el desplazamiento de campesinos hacia los centros urbanos, el llamado gamonalismo, heredado de la colonizadores españoles a las élites criollas que luego se tomaron el poder político y económico del Estado. Lo de Agro Ingreso Seguro es una muestra de lo que se hacía con el Erario a favor de unos pocos, lo que todavía falta por denunciar la concentración de tierras de parte de unos pocos en lo que antes se llamaba los territorios nacionales, solo bastara esperar y conoceremos aquellos que desde el anonimato son generadores de violencia, pero se excusan en decir que es a sus espaldas.

El narcotráfico hacia USA y Europa hace que muchos campesinos se dediquen a la plantación de cultivos ilícitos financiados inicialmente por narcotraficantes. El narcotráfico, fuente de dinero fácil, genera corrupción. Muchos se consolidaron en movimientos de campesinos cocaleros, que sentaron las bases de las guerrillas como las Farc, se creó entonces una nueva economía que se mantiene como el principal combustible del conflicto.

Los hechos que conocemos a través de los medios de comunicación son una clara evidencia de ese estado que vivimos hace mas de 5 décadas.

Estamos en guerra y difícilmente superaremos ese estado mientras que subsistan las causas que dan origen la pobreza, la falta de educación, el abandono estatal, las deficiencias socio-económicas en los núcleos familiares, la activa participación de menores en el conflicto, el incremento generalizado de la violencia de genero, la falta de tolerancia y compromiso de muchos por sacar este país adelante, pues solo sirve, quien para ellos representa beneficios personales.

Debe si llamarnos la atención el conflicto armado y el enfrentamiento bélico existente que cobra vidas y que como lo reseña Gustavo Serrano padre del recién fallecido piloto de la FAC en entrevista a Caracol: “Me dijo que eso estaba muy caliente, que les estaban disparando ráfagas por todos lados y fue la primera vez que me dijo ‘padrecito, tengo miedo”,.

Hasta cuándo vamos a sentir miedo de los diferentes actores del conflicto, cuando el Estado colombiano va a hacer uso de ese artículo 216 de la Carta Política que dice “Todos los colombianos están obligados a tomar las armas cuando las necesidades públicas lo exijan para defender la independencia nacional y las instituciones públicas…”. Cuándo la sociedad civil asistirá a las urnas con la sana intención de dotar a los entes territoriales de los mejores hombres y mujeres para gobernar, y cuándo los medios de comunicación se encargarán de informar y de ayudar a construir una sociedad diferente.

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