Miércoles, 12 Dic,2018

Editorial / FEB 13 2018

Éxodo venezolano

Se vive una de las migraciones más alarmantes y Colombia recibe el primer efecto, en un momento en el que el país se encuentra también en crisis. La llegada de hermanos bolivarianos es un problema de la región.

Las cifras no son comparables, así el señor Maduro haya dicho hace unos años que en Venezuela había más de 5 millones de colombianos que habrían huido del que consideró un “régimen capitalista paramilitar”, pues lo cierto es que sus datos fueron desvirtuados, así como sus argumentos de culpar a sus vecinos de llevar miseria y crimen a su república bolivariana.

De acuerdo con los datos del censo venezolano de 2011, último realizado en Venezuela, vivían 721.791 colombianos, cifra que se ajusta a su similar de Colombia de 2005, que reportaba unos 625.000.

Según un estudio de la universidad del Rosario, aunque la población colombiana en Venezuela fue gradualmente aumentando de 508.166 en 1981 a 725.000 en 2011, en 1981 los colombianos solo constituían un 3,5% de la población en Venezuela, mientras que para 1990 fueron el 2,93% y en 2011 eran el 2,49%.

Comparar los dos momentos es desproporcionado, pues la migración de colombianos a Venezuela fue por varias décadas, mientras lo que se observa actualmente ha sido en menos de 10 años. Así, en ese periodo han llegado o pasado por nuestro país cerca de 600.000 venezolanos sin contar los irregulares, por lo que se habla de millones. Existe una frontera de 2.200 kilómetros entre los dos países, así que las personas que han cruzado sin efectuar los trámites legales pueden sumar miles o millones.

De acuerdo con un informe de El Tiempo, “Migración Colombia reportó a finales del 2017 que existen unos 550.000 venezolanos en condición regular o irregular en el país, un 62% más con respecto a un informe de mediados del año. Y en el último mes habrían llegado al menos 50.000 más. Muchos tienen familia en Colombia y han encontrado maneras de acomodarse en ciudades como Bogotá, Bucaramanga y Barranquilla”.

Pero más allá de las cifras, lo preocupante es la condición de estas personas y la falta de una política pública para atenderlas, además la revelación de que el Quindío es el tercer lugar en el país al que más llegan venezolanos, como lo afirmó la secretaria de Familia encargada del departamento, María del Carmen Aguirre Botero, en un informe de LA CRÓNICA publicado este lunes 12 de febrero.

Como lo anticipamos el 25 de abril de 2017, la región cafetera veía desde lejos lo que pasaba con el éxodo de ‘hermanos bolivarianos’, el cual los analistas se ha efectuado por olas, y que se une al de los retornados, es decir a aquellos colombianos o hijos de colombianos que tienen familias en la región y regresaron a raíz de la grave situación bolivariana. Ahora, la crisis la ve de cerca el Quindío.

Las historias de los venezolanos parecen inverosímiles, no obstante son una realidad, que se ratifica con la desbandada de gente que quiere dejar la pasada nación petrolera pujante, para venirse a Colombia y aquí hacer nueva vida o buscar cómo pasar a otras latitudes.

Se han hecho esfuerzos, desde varias esferas, pero ni la región ni el país ni el continente estaban preparados para el fenómeno, al no contar primero con recursos y tampoco con una política de atención. A pesar de las acciones de Juan Manuel Santos la semana anterior, el panorama es preocupante, porque además de la falta de atención, lo que avizora es el recrudecimiento de otros flagelos sociales que Colombia y el Quindío no han podido mitigar.

Es una coyuntura que se extiende a otras naciones del continente y del mundo, y que merece respaldo de Naciones Unidas, Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Cidh, y la misma OEA, que han estado poco activas ante la crisis. Es nuestro país el primero en recibir las consecuencias, pero debemos dejar de lado las manifestaciones de xenofobia, y no dejar las soluciones al próximo presidente. En la agenda de los actuales candidatos al Congreso y la presidencia debe estar Venezuela, país que necesitaría, según cálculos de analistas, 15 años para reconstruirse luego del retorno de la democracia.

Entretanto, Colombia habla de posconflicto y tenemos que demostrar solidaridad, pero a la vez blindar a los nacionales y ello solo se logra con una política pública ajustada a la realidad.

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