Lunes, 23 Sep,2019
Opinión / MAR 14 2013

Guerrilleros estrato seis (II)

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

  “Compensar con fondos públicos la diferencia entre el precio que el mercado externo reconoce y aquel que se estima “justo”… no es sostenible a término indefinido.. y crea la legítima expectativa de que el Estado está ahí para compensar a todos aquellos grupos de interés a los que les va mal o, que, simplemente, quieren mejorar su ingreso de cuenta del resto de la sociedad” (Jorge Humberto Botero. La debacle cafetera. La silla vacía. 06-03-2013).

Dicho y hecho. Se levantó el paro cafetero. Los más beneficiados políticamente fueron los “infiltrados”, y económicamente los “guerrilleros de estrato seis”

La pretensión de que los precios de sustentación se alcanzaran de un solo golpe —en una economía de mercado, en la que el gremio cafetero se dejó insertar, en la bien conocida actitud del “meimportaculismo", al cohonestar con los perniciosos TLC—, como realmente ha ocurrido, significa sustraer del presupuesto estatal recursos cuantiosos- se estiman en un billón de pesos- y que bien podrían haberse destinado para atender a las deudas que históricamente se tienen con los sectores más deprimidos, en asuntos básicos y tan sentidos y actuales como la educación, la salud, la restitución de tierras, la reparación de las víctimas, entre muchos otros.

Es cierto. Trasladar dinero de otros sectores para garantizar que no haya más protestas de este tipo y gozar de una relativa estabilidad, no es de recibo, porque cabría preguntarse entonces ¿cuánto tiempo podrá el gobierno sostener esta política de subsidio sin que se vea abocado a la quiebra, cuando la incertidumbre del mercado es evidente y las perspectivas futuras no son para nada halagüeñas?

Las actuales circunstancias así lo indican. El precio internacional de la libra de café no va a subir a más de dos dólares, ni la producción interna se incrementará, por lo menos a mediano plazo, ni el Banco de la República ni el gobierno serán capaces de frenar la rampante revaluación del peso frente al dólar, ni se podrán suprimir las importaciones masivas, consecuencias todas ellas derivadas del estar sometidos a las negativas condiciones impuestas por los tratados de libre comercio y a la tan valorada e ilimitada inversión extranjera, y frente a las cuales todos los gremios, incluido el cafetero, tuvieron la oportunidad de oponerse, así los trataran de antipatriotas y subversivos, como lo fueron los que sí tuvieron el valor civil de expresar su resistencia.

Y no nos engañemos y que tampoco lo hagan los minifundistas cafeteros. Su situación económica será cada vez más precaria. Así lo dice Botero: “Sucede que bajo las condiciones promedio de productividad y precio de hoy, la extensión de una parcela cafetera para que genere un ingreso equivalente al salario mínimo, debe ser superior a 5 hectáreas, requisito que solo cumplen el 5% de las fincas”.

Muchos cafeteros creen que gran parte de la culpa del problema del café lo tiene la Federación Nacional de Cafeteros, pero sospechosamente esta salió ilesa del revolcón.

Y es que como bien lo definen Acemoglu y Robinson en su obra Por qué fracasan las naciones, la Federación de Cafeteros encaja a perfección en las instituciones llamadas extractivas que “operan bajo una lógica aplastante: pueden generar una cierta prosperidad limitada y, al mismo tiempo, repartirla entre una pequeña élite. Para que se dé este crecimiento, debe haber centralización política.

Una vez que existe, el Estado (o la élite que lo controla) normalmente tiene incentivos para invertir y generar riqueza, animar a los otros a invertir para que el Estado pueda extraer recursos de ellos e incluso imitar algunos de los procesos que normalmente pondrían en marcha los mercados”.

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