Viernes, 20 Abr,2018

Opinión / ABR 16 2018

Insisto

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

En la columna anterior (2-4-2018) titulada “U.Q. acreditación - paz y reconciliación”, señalé que en la construcción de la paz en los territorios, la participación de las universidades del país han venido comprometiéndose con políticas, programas y acciones. Afirmé que hay sectores en la universidad del Quindio que han creído que esta tarea es de un programa académico o una facultad y no una política integral que comprometa a todas y cada una de las unidades académicas.

Pues bien, el lunes 9 de abril a las 9:00 am en el auditorio Euclides Jaramillo Arango se realizó la conferencia titulada “El papel de la JEP en las garantías de los derechos de las víctimas” convocada por la “Vicerrectoría de Extensión en asocio con el programa de Trabajo Social, atendiendo la solicitud de la jurisdicción especial para la paz (JEP) orientada por la magistrada titular del organismo, Gloria Amparo Rodríguez.

Entre los más o menos 150 asistentes era notable la ausencia de profesores, estudiantes y directivos de otras facultades con algunas excepciones. Mi experiencia es que ésta situación no es nueva cuando se trata de temas asociados a los conflictos sociales, los DD.HH y a la reconstrucción de la sociedad colombiana.

Las preguntas que quiero dejarle a los ciudadanos, pero especialmente a la comunidad universitaria son: ¿Cómo podemos vivir juntos sin matarnos? Si les interesa la educación y el cultivo de las virtudes ciudadanas?, si les preocupa reflexionar sobre qué tipo de formación de la civilidad se requiere para las nuevas cohortes de ingenieros, médicos, biólogos, químicos, matemáticos, licenciados? Si experimentan de manera vital que la sociedad reclama de todo nuestro concurso como ciudadanos y profesionales? O si nos hemos acostumbrado a vivir en medio de la desigualdad, la inequidad y la muerte?

Vivimos una época de desencanto, las expectativas de las personas se rompen con facilidad, nos estamos acostumbrando a vivir en sociedades moralmente fraudulentas, donde la mentira es nuclear. En el ámbito del conocimiento ya no distinguimos entre saber o información y hemos sustituido la capacidad de acción y del actuar creativamente, con la producción y fabricación en series segmentados, adquirimos conocimiento pero hemos olvidado el pensamiento es decir, la capacidad de comprender y de encontrar un sentido al mundo que habitamos, incluyendo el ejercicio de la reflexividad.

Que pueden hacer los profesionales de las disciplinas distintas de las ciencias sociales como los ingenieros, tecnólogos, médicos y profesionales de las ciencias naturales para contribuir a la reconstruir de una sociedad adolorida y dividida como la nuestra.

Si la Universidad del Quindio fue capaz de lograr la acreditación porque movilizó todos sus esfuerzos, recursos y comunidad, así mismo debe haber una política institucional de movilización de una ciudadanía activa y virtuosa de todos, para uno de los objetivos más nobles como el logro de la paz y la reconciliación.

Esta preocupación que manifesté en la conferencia aludida, al parecer no fue bien recibida por algunos asesores y directivos de la universidad. Les pido cordialmente recibirlas sin prevención.


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