Miércoles, 20 Mar,2019
Opinión / FEB 23 2019

La felicidad

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“El hombre más feliz del mundo es aquel que sabe reconocer los méritos de los demás y puede alegrarse del bien ajeno, como si fuera propio”, Goethe.

Sabia reflexión, que nos lleva a pensar cuál es nuestra actitud, cuáles nuestras acciones, para encontrar verdaderamente lo que consideramos como la felicidad. Muchos seguramente pasan la vida acostumbrados a una rutina, a un vivir siempre igual, siempre monótono y se pueden engañar obteniendo cosas superfluas, que proporcionan satisfacción por un momento y nada más; y de esta manera, su existencia ha transcurrido sin pena ni gloria y mucho menos, disfrutando de la auténtica felicidad. La reflexión inicial, nos enseña que esta se consigue en parte, sabiendo reconocer los méritos de los demás y alegrándose del bien ajeno. Hay sabiduría y enorme generosidad en tal reflexión. En la cotidianidad de la vida, estamos siempre rodeados de seres humanos: En el hogar, en el sitio de estudio, de trabajo; lugares en los que podemos actuar con amor, comprensión, compasión, colaboración, solidaridad hacia ellos y, además, reconociéndoles a todos, sus valores y disfrutando de sus logros como si fueran nuestros; es entonces, el verdadero significado para que seamos felices. No basta que hayamos encontrado plenitud, bienestar, alegría, buen vivir, con muchas adquisiciones materiales y creer erróneamente que todo eso nos conduce a la felicidad; olvidando que tanto nuestro corazón como nuestra alma, son nuestra esencia espiritual y ésta es la que nos brinda una tranquilidad, una satisfacción, un sentirnos más humanos, más llenos de fe y esperanza y por tanto, todas las obras buenas que hagamos, en bien de tantos seres necesitados, son las que nos llevarán al encuentro de la real felicidad. En todas las épocas, siempre hemos estado rodeados de personas necesitadas de afecto, de ayuda, de compasión; más hoy, estamos frente a la inenarrable situación de nuestros hermanos venezolanos y viendo ese desfile de tantos de ellos, de un lugar a otro, tratando de encontrar una respuesta a sus necesidades, una decisión humana pronta y efectiva para recibir las ayudas humanitarias, estancadas, impedidas irracionalmente por órdenes dictatoriales; todo esto, nos impide ser felices; no podemos disfrutar del diario vivir; no nos nace sonreír y mucho menos reír a carcajadas; nuestra sensibilidad está herida, maltratada; solo esperamos que la solución a este dolor, venga de arriba, sea de Dios misericordioso y por tanto, orémosle con fe para que estos hermanos venezolanos, puedan volver a sonreír y encuentren su felicidad perdida temporalmente; más no perdida para siempre.

“La felicidad es el único bien. Ahora es el momento para ser felices. El lugar para ser feliz está aquí. La manera de ser feliz es hacer felices a otros” Robert Green Ingersoll.

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