Jueves, 18 Abr,2019
Editorial / MAR 20 2019

La felicidad

Es la felicidad un manifiesto propio del hacer las cosas bien, con amor, con decencia, con respeto por el otro y por los recursos de todos.

La felicidad

Hoy en día que se celebran tantas cosas y que el comercio atrapa las fechas como secuencia mercadotécnica, hay una celebración universal que cae bien en estos tiempos de tormenta, desencanto y crisis. El  20 de marzo, día internacional de la Felicidad, fue instituido el 28 de junio de 2012 por la asamblea general de las Naciones Unidas y se celebró por primera vez en el año 2013. Esto para reconocer la relevancia de la felicidad y el bienestar como aspiraciones universales de los seres humanos y la importancia de su inclusión en las políticas de gobierno.

Esta iniciativa nacida de un concepto vital en el Reino de Bután, en el cual la felicidad tiene un valor colectivo e individual superior al del Producto Interno Bruto, permite que el calendario de tantas celebraciones, conmemoraciones y otro tipo de festivos, le abra espacio a la celebración del día de la Felicidad, que seguramente en un querer idílico y como manifiesto de vida, debería ser una proclama diaria como intento de bienestar individual y colectivo. En esta escala, seguramente muchos principios y valores deberían tener oportunidad y espacio en el calendario de celebraciones, pero la felicidad como tal, amerita una oportunidad especial y un llamado en tiempos de tristeza y crisis como los que vive nuestro territorio azotado por tantos problemas y atravesado por la desesperanza.

Que la felicidad sea una apuesta social y que desde la noción didáctica de  la educación y la promoción colectiva de la cultura, ayuden a que ese estado del ánimo y del alma ayude a recuperar la motivación y la inspiración que se ha perdido en el territorio. Seguramente si los gobiernos mejoran y asumen compromisos serios y cumplibles, se declaran enemigos radicales de la corrupción, le  apuestan a presupuestos estratégicos, transparentes y participativos, la felicidad podrá empezar a manifestarse en el rostro de la ciudadanía.

Si la gente empieza  a percibir cambios significativos en la forma de hacer política, de gerenciar lo público, de tratar el erario como patrimonio sagrado, servir y no servirse de la oportunidad del poder y la autoridad, entonces la felicidad podrá buscar espacio en la credibilidad y la confianza que la agenda de servicios reclama. Es la felicidad un manifiesto propio del hacer las cosas bien con amor, con decencia, con respeto por el otro y por los recursos de todos. Es la felicidad lo que debe recuperar el ánimo y el alma de la ciudad y de todo el territorio, si queremos realmente que las cosas mejoren.

Felicidad si hay nuevos y mejores liderazgos que aspiren a detentar el poder, la autoridad, el liderazgo y el mando de cada municipio y del propio departamento desde la transparencia, la meritocracia, el trato sagrado de los recursos públicos y el juramento ético de hacer las cosas bien pensando y actuando en el bien común y no en la mezquindad personal o particular.

Que el día de la Felicidad se constituya en una oportunidad para sonreirle al futuro, eso sí, tomando muy en serio las decisiones que  marquen el destino próximo de nuestros municipios y nuestro departamento. La felicidad que el Quindío y su capital Armenia, oxigenen sus cuadros políticos y se ventilen nuevos liderazgos como para que la aromada verdura del paisaje urbano y rural tengan en su cuidado mejores personas, mujeres y hombres que con la honestidad, actitud y su capacidad honren la felicidad.

NOTICIAS RELACIONADAS


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

logo-copy-cronica
© todos los derechos reservados
Powered by: rhiss.net