Domingo, 22 Sep,2019
Editorial / AGO 25 2019

La tienda

Por siempre gracias a la tienda y a los tenderos. Por siempre el ferviente homenaje al pequeño centro de soluciones, información y al mejor punto de Pqrs, que pueda tener una comunidad y la economía de barrio.

La tienda

Hoy se celebra con toda justicia el día del Tendero. Homenaje permanente a los dueños de esa economía de micro escala, de esquina, de barrio, de confianza, del fiado.

Podrán llegar todas las megaplataformas comerciales, tipo mediano o express, pero ninguna en el cara a cara, en el bolsillo simple o vacío nunca podrán desplazar la tienda de don Pedro o de doña Flor. Podrán desplegar portafolios con superofertas, tremendos descuentos y más, pero nunca derrotaron ese despacho mágico de vecino con asesorías sicológicas incluidas y con una porción informativa tipo reportero comunitario.

Es la tienda punto de encuentro, ágora del vecindario y en muchos casos el de la tienda o la de la tienda es el líder del sector y a veces hasta el presidente de la Junta de Acción Comunal. Son los tenderos, por naturaleza, líderes de opinión, faros del vecindario, defensores de derechos ciudadanos y enlaces que marcan el pulso de la economía y saben explicar por qué ya no pueden vender 300 pesos de aceite, sino mínimo la bolsita de 400, pues el galón subió.

Aprueban créditos sin ningún requisito, y distinto a los bancos, cuando pierden, pierden duro, pues sus arcas son tan blandas y nobles como su temperamento de fiadores. Ninguna economía de surco  comercial del mercado cruento podrá ganarle a la tienda con la inapelable ñapa o el dulcesito para el niño que hace el mandado.

El Estado y los gobiernos regionales y locales de la mano con la genialidad afín tienen una gran deuda con los tenderos. Es buena la capacitación y ciertos acompañamientos  que se están dando, pero las apuestas de amparo y estímulo real, con dientes, es decir   no recursos, sigue siendo nimio. Es tiempo de reobrar el valor que tuvo en sus mejores tiempos proyectos como las Proveedurías de tenderos, las políticas financieras de respaldo y toda la gama de posibilidades que puedan enriquecer su oferta, que de alguna manera es la primera señal de economía de consuelo que le llega al ciudadano del común. 

Más apoyo, estímulos, respaldos financieros y crediticios, más seguridad y más acompañamiento a la economía de la tienda, que ha sido patrimonio barrial de toda la vida y lo seguirá siendo como punto de encuentro y aproximación de las transacciones más antiguas del relacionismo humano.

Todo el reconocimiento a las tiendas y a los tenderos. Todo el valor a la economía de barrio en la cual las transacciones de vecindario constituyen un orden de desarrollo más confiable que el que manejan los bancos, y sobre todo, el mundo de la tienda seguirá siendo por siempre el mundo del amigo, del líder y del vecino.

Congratulaciones a la gran familia de los tenderos. Homenaje permanente a los reguladores de la economía de barrio y a los gestores de ese universo garciamarquiano en el cual los 100 de cilantro, los 200 de cebolla, los 300 de aceite, y los demás menudos amparos tantas veces por el fiado, harán de la tienda, no un negocio cualquiera, más bien un centro de servicios y de amparo que nunca desaparecerá, pues los vecinos nunca lo permitirán.

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