Estamos con el presidente Santos y con el Ejército de Colombia ante la injusta arremetida del Tribunal Superior de Bogotá que pretende humillar al expresidente Belisario Betancur quien ya ha sido llamado 7 veces en instancias judiciales. Resistió hasta los embates académicos de la comisión de la verdad formada por tres exmagistrados de alcurnia intelectual.
Envuelto en la interpretación de la tragedia, el coronel Plazas Vega, da un testimonio de los hechos en su libro, Presidentes de Colombia ell movimiento guerrillero demostró sus verdaderas intenciones de tomarse el poder, con las armas, mediante un baño de sangre que fue la toma a sangre y fuego del palacio de justicia; el presidente Betancur, con el mismo valor que enfrentó a la opinión pública para darle concesiones a los subversivos en procura de la paz, ordenó el rescate de tres centenares de rehenes y la recuperación del palacio de justicia, librándose una feroz batalla por el Estado de Derecho, en el cual murieron un centenar de personas, entre ellos 11 magistrados, 11 miembros de la fuerza pública, cerca de 30 particulares, 48 terroristas del M-19, algunos de ellos extranjeros. Estuvo a punto de sucumbir el sistema”
La desmemoria de la memoria, por los hechos históricos, el ilusionismo retórico que cubre la verdad casi veintisiete años después de la zozobra, de la duda, el miedo, la vacilación, por la osadía de los agresores contra los magistrados inermes, rodeados de fieras sedientas de sangre, vestidos con la ideología terrorista de la venganza y del odio. Hambrientos de poder, que querían juzgar al presidente Betancur, según su concepto espurio de la Justicia.
Ella que fue maltratada, burlada, incinerada materialmente en los episodios más trágicos de que tenga memoria la República en la extinción física de sus magistrados que nos produce dolor de patria por lo que ellos simbolizaban. El más alto tribunal de justicia de la nación. Una expresión de nuestra soberanía como pueblo. Imperdonable a la luz de la razón.
Extinguida en la memoria su presencia física. Amnistiado el grupo terrorista para darle un tratamiento político a la venganza y al odio, a los portadores de las armas ilegítimas. Pero los /horrores de las guerra/ en tiempo de pasiones, condena el tribunal superior de Bogotá a los soldados de la patria que salvaron la República de la hecatombe de tomarse el poder para sus fines protervos, los insurrectos, chantajeando al poder ejecutivo.
La causa inmediata para el tribunal, la pérdida o extravío de una guerrillera que escapa del holocausto que ella misma ayudó a encender y de un empleado de la cafetería, secuaces o cómplices del corredor de la muerte de las armas subrepticias, que no entraron por la puerta principal del palacio de justicia. La muerte de los magistrados quedará impune. Castigados en sus miasmas los actores armados, junto a los inocentes, magistrados y empleados.
Volteamos la mirada para juzgar, criticar, insultar a Belisario Betancur y buscamos como chivo expiatorio el coronel Plazas Vega, a quien le correspondió la responsabilidad de componer el desorden, vencer a los guerrilleros, liberar los magistrados. Responderle al presidente Betancur parapetado en el palacio de San Carlos con sus ministros, de la furia diabólica desatada contra la nación.
Mentirosos seriamos si no nos conmoviéramos por la visión dantesca y apocalíptica de las llamas que crujen, los hierros retorcidos, los cadáveres calcinados, el edificio derruido.