Opinión / Febrero 17 de 2017 / Comentarios

La fabricación del superhombre

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Rubén Darío Flórez

¿Se puede fabricar al superhombre manipulando genes del embrión? La ingeniería genética - en China - lo hizo en 2015 para alterar genes que producen beta talasemia severa, un tipo de anemia que puede ser mortal. 


La intervención pretendía modificar la deficiencia genética en fase temprana del embrión. Se evitaría que se desarrollara la mutación causa del mal.
El experimento fracasó. Pero tecnologías actuales permiten modificar la información genética del embrión para alterar, potenciar y transformar la combinatoria de genes que nos dan un tipo de cuerpo, una predisposición a ciertos comportamientos, unas tendencias a ciertas enfermedades, un conjunto de disposiciones físicas e intelectuales, el color de los ojos, del pelo, el género, y nuestra inclinación a ser más o menos belicosos. 

El artículo sobre edición de genes de zigotos humanos - cuando apenas definen sus funciones de seres humanos - fue publicado en mayo de 2015 en la revista china “Cell and protein”. 

El resultado de dicha investigación provocó un debate. China aceptaba la manipulación de nuestra información genética esencial. Los biólogos de ese país eran pioneros en meterse al núcleo genético del zigoto.

No había precedentes por razones de desarrollo tecnológico, barreras éticas y de comportamiento de la operación. ¿Se afectaría la herencia genética de un individuo, aquellos rasgos que dan a sus descendientes? No están estudiadas las consecuencias en el comportamiento del individuo intervenido. ¿Qué mutaciones habrá? ¿De su genio y figura?

En teoría, se pueden editar rasgos heredados genéticamente: la longevidad. Los padres legan información genética. Y se manipulará la herencia genética cardiovascular y las facultades intelectivas e igualmente provocar capacidad analítica superior o dotes de soldado implacable. 

 

Será el homunkulos del Fausto que solo piensa en trabajar. Obreros de voluntad dirigida a una actividad incesante con alma de siervos. O seres diseñados de belleza ambigua o máquinas sexuales insaciables. O una raza subordinada de esclavos perfectos.
 

“Lo que se consideraba secreto en la naturaleza voy a probarlo de modo racional con osadía, por la mezcla de cientos de ingredientes compondremos la materia humana en el alambique”, decía a Mefistófeles, el creador del humunkulus, salido de la redoma alquímica. Antier, la academia gringa, aprobó la manipulación del zigoto humano con fines preventivos en dolencias graves. La reacción de cientos de especialistas fue jubilosa o muy crítica.
 

¿Estamos adportas de una era de diseño de niños artificiales o de monstruos? ¿Quién recibirá la autorización para invadir el núcleo de nuestra identidad genética? Y ¿cuáles intereses económicos, militares y secretos se apresuran a usar para su beneficio los poderes mefistofélicos? 

Se descubrió que la calvicie resulta de genes del cromosoma X herencia materna. Así que si se manipula el zigote humano habrá una raza nueva sin calvos.

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